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Full text of "Crítica histórica sobre el "Diario de Bucaramanga.""

UNIVERSITY OF NORTH CAROLINA 

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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



F2235 
.B6695 



This book is due at the LOU1S R. WILSON LIBRARY on the 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may be 
renewed by bringing it to the library. 



dÍe E ret 


DATE 
DLE 



















































































































































Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/crticahistricasoOOpinz 



M. PINZÓN UZCÁTEGUI 




mTien histórica 

SOBReeb «DIA- 



RIO De BuenRnmnnen» 




v 



litografía y tipo- 
grafía DEL COMER- 
CIO, CARACAS, 1914. 



Crítica Ristórica sobre el 

"Diario de Bucaramanga" 




y 



y^ 




. DEL COMERCIC 



Al Señor General Sir Robert Wilson: 
Retrato mió hecho en Lima con la más grande exactitud y semejanza. 

BOLÍVAR. 



Grande en el pensamiento, grande en la ac- 
ción, grande en la gloria, grande en el infortu- 
nio; grande para magnificar la parte impura 
que cabe en el alma de los grandes, y grande para 
sobrellevar en el abandono y en la muerte la 
trágica expiación de la grandeza. Muchas vidas 
humanas hay que componen más perfecta ar- 
monía, orden moral o estético más puro : pocas 
ofrecen tan constante carácter de grandeza y 
de fuerza ; pocas subyugan con tan violento im- 
perio las simpatías de la imaginación heroica. 

JOSÉ ENRIQUE RODÓ. 



M. PIMZÓN UZCfiTEGUI I- 






Crítica Ristórica sobre el 

"Diario de Bucaramanga" 



JUICIOS DE HISTORIÓGRAFOS 
BLANCO y AZPURUA.— R. VILLAVICENCIO.— LISANDRO 
ALVARADO. — FELIPE TEJERA. — EMILIO CONSTANTINO GUE- 
RRERO.— LAUREANO VALLENILLA LANZ.— MANUEL SEGUNDO 
SÁNCHEZ.— PEDRO MANUEL ARCAYA.— MAXIMILIANO GRILLO. 
— ELOY G. GONZÁLEZ.— F. TOSTA GARCÍA.— TEÓFILO RO- 
DRÍGUEZ.— R. CORTÁZAR.— B. TAVERA ACOSTA. 



MCMXIV 

Lit. y Tip. del Comercio. 

CñRñCñS 



Derechos reservados 



ñ la Juventud 
de Venezuela y de Colombia. 

Homenaje 



u 

o 



PINZÓN UZCñTEGUI. 



Preliminar 



A raíz de la publicación que hizo la Casa Ollen- 
dorff en 1912, del famoso códice de La Croix (*) tu- 
ve el proyecto de publicar una serie de artículos his- 
tóricos, dedicados a la juventud de Venezuela y de 
Colombia, adoptando como tema en tal empresa, el 
"Diario de Bucaramanga' y Luis Perú de La Croix." 
Acometí mi proyecto y para formarle una base sólida, 
dirigí una carta circular a los historiógrafos más 
eminentes de Venezuela y de Colombia, como tam- 
bién a otras personalidades de importancia. En tal 
carta, inquiría la opinión de los historiadores, sobre 
aquel juicio emitido por los reputados venezolanos 
Blanco y Azpurúa acerca de la autenticidad del "Dia- 
rio de Bucaramanga" , juicio que aún está en pie, y 
que la juventud estudiosa debe pesar y meditar junto 
con las demás opiniones notables que hallará en este 
libro. 



(*). Véase la primera nota al final. 



También aparece en él la parte más interesante, 
a mi pensar, del "Diario de Bucaramanga", tal como 
la escribió el célebre y desdichado autor Luis Perú 
de La Croix. Además, el lector hallará un capítulo 
dedicado a los dos héroes: Ricaurte y Girardot, con 
rectificaciones históricas trascendentales. 

Antecede a todo esto un capítulo dedicado a co- 
nocer la interesante personalidad de Luis Perú de 
La Croix, y finaliza el libro con una conclusión y no- 
tas nuestras. Está ilustrado con la reproducción de 
uno de los mejores retratos del Genio de la América, 
hecho en Lima por el célebre Gil, allá en los años de 
mil ochocientos veinticinco. 

Tal es lo que constituye mi obra: ella ha sido ins- 
pirada en la lectura de las valiosísimas contestacio- 
nes que recibí, motivadas por mi carta circular; y 
al determinar la publicación de todas ellas en este 
libro, fué porque las juzgué de mucha más impor- 
tancia y valor que mis pobres artículos, los cuales, si 
bien inspirados por el amor que profeso a la verdad 
histórica, nunca hubieran dicho más alto a la juven- 
tud de las dos Repúblicas hermanas, y con tanta auto- 
ridad, lo que tales contestaciones les dirá y enseñará. 

Pinzón Uzcátegui. 
Caracas: Í91k. 



UN HOMBRE INTERESANTE 



LUIS PERÚ DE LA CROIX 

He juzgado oportuno hacer conocer algu- 
nos detalles de la agitada vida de Perú de La 
Croix, personaje interesante y desgraciado 
que valientemente luchó con nuestros Proce- 
res por la causa de la Independencia. Para 
esta empresa, he acumulado datos de varias 
fuentes y seguido fielmente al ilustre historió- 
grafo Ramón Azpurúa, a quien he leído dete- 
nidamente en varias ocasiones. 

Conocida es de nuestra cultura la man- 
sión del Libertador en Bucaramanga el año 
de 1828. El ilustre Bolívar permaneció en 
aquella ciudad, capital del Estado Santan- 



16 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

der, sesenta días, durante los cuales era su 
compañero, casi cuotidiano, el entonces coro- 
nel Perú de La Croix, quien ocupaba un cargo 
de confianza en el Estado Mayor. 

Luis Perú era oriundo de Montelimart 
(Departamento de Drone, Francia) y nació el 
año de 1780, de padres poco notables. Siendo 
muy joven fué soldado francés; y de 1810 a 
1812 estuvo en Ñapóles bajo el reinado de Mu- 
rat. Luego tomó parte en la campaña contra 
Rusia. 

Un día Napoleón manifestó el deseo de 
tener noticias muy reservadas de lo que pen- 
saba en su destierro Luis XVIII, para lo cual 
un personaje del Cuartel General le recomen- 
dó a Perú como hábil sujeto para tales comi- 
siones. 

Poco antes de la batalla de Leipzig, Na- 
poleón nombró a Perú para tal empresa y 
le dio por compañero a un oficial llamado 
St. Colombe, muy conocido por sus opinio- 
nes legitimistas, con el objeto de favorecer 
su incógnito. Perú desde esa época aña- 
dió a su apellido el aristocrático de La Croix, 
para cumplir mejor su comisión. Estos dos 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 17 

comisionados secretos empezaron su misión 
dejándose hacer prisioneros de guerra el 13 
de octubre de 1813 en la batalla de Leipzig. 
Luego engañaron a Bernardotte, manifestán- 
dole el deseo de retirarse de la guerra y le 
pidieron pasaporte para Estocolmo, en donde 
les fué fácil después adquirirlo para Inglate- 
rra. En Inglaterra trataron con Luis XVIII, 
quien, engañado por los dos comisionados, 
crédulamente les confió algunos secretos y les 
dio instruciones para tratar en su nombre con 
Wellington. La Croix dio cuenta de su comi- 
sión a Napoleón en 1814, pero ya en esta épo- 
ca el Imperio caía y el comisionado secreto 
temió hallarse frente a frente con los Borbo- 
nes, quienes habrían de reconocerlo. Enton- 
ces Perú de La Croix resolvió viajar a las In- 
dias Occidentales en busca de fortuna y allí 
se reunió con su compatriota Aury de quien 
era estimado y el cual le nombró Mayor Ge- 
neral y secretario privado. Ya en 1816 La 
Croix era un oficial valiente e ilustrado. Unido 
al grupo de venezolanos y granadinos que los 
desastres políticos de Costa Firme arrojaron 
a las Antillas, tuvo ocasión de observar la des- 



18 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



armonía de Bolívar y Brion con Bermúdez, 
Montilla y Aury. Perú fué uno de los que se 
opusieron a la expedición de Bolívar en los 
Cayos de San Luis de Haití y más tarde con 
Montilla y Aury al desacertado proyecto de 
empresas sobre México. 

Después de la muerte de Aury y de las 
desavenencias que tuvo con Courtois por 
aventuras marítimas, La Croix se incorporó 
en 1823 al Ejército Libertador de Colombia y 
sirvió en el Estado Mayor, primero como Co- 
ronel y después en las guerras civiles de 1829 
y 30, como General de Brigada. 

Naturalmente La Croix cayó con el par- 
tido boliviano a la muerte del Libertador, y 
fué deportado a las Antillas. 

La Croix se hallaba en Venezuela para 
1835 y tomó parte muy activa en la revolución 
de Reformas que estalló el 8 de julio en Ca- 
racas- 
Al llegar aquí, a esta parte de la vida re- 
volucionaria de La Croix, Azpurúa es bien se- 
vero con él, no sin razón, por motivo de que 
fué uno de los trece jefes, inclusive Carujo, 
encabezadores del primer movimiento de re- 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 19 

belión en contra del Gobierno Civil estable- 
cido desde 1830. La Croix fué expulsado a 
consecuencia de tal revolución y resolvió di- 
rigirse a Francia, su patria, donde debían ter- 
minar los días del célebre comisionado de Na- 
poleón. 

En 1837 y en el mes de enero, premedita- 
damente, se suicidó Perú de La Croix, a la edad 
de 57 años, y un periódico parisiense de esa 
época relata el hecho así : "Anteayer el dueño 
de la posada de la calle de Baune subió, se- 
gún costumbre, a la pieza ocupada por el se- 
ñor Perú de La Croix, general colombiano, y 
uno de sus locatarios, para pedir sus órdenes. 
Al entrar vio el cuerpo del general en un rin- 
cón de la pieza con la cabeza ensangrentada. 
El posadero avisó inmediatamente a Mr. Bar- 
let, comisario de policía, quien llegó y bien 
pronto reconoció que no podía haber duda 
respecto del suicidio. Una carta colocada so- 
bre un mueble tenía esta inscripción: "A la 
autoridad encargada de tomar razón de los 
fallecimientos." En esta carta el general ha- 
ce saber que tiene cincuenta y siete años, que 
nació en Montelimart, que fué desterrado de 



20 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



Colombia, que está en la más completa mise- 
ria y que prefiere la muerte a tener que men- 
digar." 

Perú de La Croix dejó otra carta intere- 
sante a los Editores y Administradores de El 
Siglo, periódico notable de París. Decía así la 
carta en referencia: "Si más allá de la vida 
puede haber un sentimiento, yo llevaré el re- 
conocimiento hacia ustedes porque voy con 
la esperanza de que me harán revivir en este 
mundo por mis escritos. Estos son, señores, 
los últimos adioses del que deja la memoria 
de su vida en sus manos — Perú de La-croix." 

También hay un documento original e in- 
teresante: el testamento de Perú de La Croix, 
publicado por la primera vez en Venezuela el 
día nueve de mayo de 1837, en el número 52 
de El Liberal, notable periódico caraqueño 
que redactaba el conocido y célebre escritor 
don José María Rojas. Una copia fiel y exacta 
de tal testamento, apareció recientemente 
(junto con el Diario de Bucaramanga), entre 
papeles que guardaban los herederos de don 
Ramón Azpurúa, y hállase actualmente en po- 
der del Gobierno de Venezuela, en el Museo 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 21 

Boliviano, legajado en tres folios útiles y bajo 
el número 1.291. Debemos a la bondad de 
nuestro querido amigo Christian Frederik 
Witzke, Director General del Museo, el haber 
sacado una copia exacta de tan interesante 
manuscrito, en el cual hemos dejado la acen- 
tuación y ortografía que se usaban en aquella 
época, por ejemplo: Caracas, muger, espli- 
can, escepcion, dirijirmela, esteriores, corre- 
jido, y dirijido- (En otra parte de este libro 
hemos hecho lo mismo con los más notables 
párrafos del Diario de Bucaramanga). 

Leamos a continuación el testamento 
arriba mencionado del general colombiano 
Luis Perú de La Croix: 



"Motivos de mi suicidio y mis últimas 

disposiciones. 

Cincuenta y siete años, una nueva caída 
política, separado de mi muger y de mis hijos 
hace seis años, sin esperanza de reunirme a 
ellos, sin fortuna, sin estado, la realidad de la 
miseria ya presente, y la perspectiva de sus in- 



22 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

separables compañeras, la humillación y la 
ignominia, son los motivos que me determi- 
nan a abreviar mis días, convencido por otra 
parte, que hay más valor en darse la muer- 
te que en dejarse degradar et prendre á la 
gorge por la horrible miseria, que en dejarse 
arrastrar por ella hasta el lodo, y que en vi- 
vir, en fin, bajo su cruel y permanente tira- 
nía. Los sucesos de 1814 me llevaron á la 
América del Sur, y allí tuve la fortuna de en- 
contrar una existencia honrosa; allí he per- 
manecido hasta 1836 en que otro suceso polí- 
tico me ha vuelto á mi patria, en donde no 
debo encontrar, después de 22 años de ausen- 
cia, sino la miseria ó la muerte: he preferido 
esta. Mis memorias que quedan manuscritas 
esplican esta ultima parte de mi vida. 

Estas memorias que acabo de indicar, 
forman dos volúmenes bajo el título: Mis 22 
años de Nuevo Mundo, mi juventud en Euro- 
pa y mi suicidio en Paris. Entre mis papeles 
encontrarán también algunos manuscritos en 
español, á saber: Colombia desde su creación 
hasta su destrucción, ó resumen histórico de 
las revoluciones y acontecimientos políticos 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 23 

que mas han contribuido á la destrucción de 
esta república, dos volúmenes. Memorias de 
Pacheco, portero vitalicio del gobierno de Bo- 
gotá, un volumen no concluido. Almanaque 
histórico y político, no acabado, seguido de 
Efemérides Colombianas, en borradores 16 
fragmentos políticos é históricos bajo diver- 
sos títulos. Diario de Bucaramanga ó vida pú- 
blica y privada del Libertador Simón Bolívar, 
presidente de la República de Colombia, un 
grueso volumen. 

Todos estos manuscritos con escepcion 
del último, se encontrarán en mis papeles. El 
Diario de Bucaramanga que considero ser la 
obra mas interesante por que contiene la vida 
pública y privada de un grande hombre, de 
un bien hechor de la humanidad, está deposi- 
tado en manos de mi digno y respetable Ami- 
go el Marques Francisco Rodríguez del Toro, 
general de división de la República de Vene- 
zuela, residente en Caracas Capital de Vene- 
zuela. Este amigo debia poner la obra en ma- 
nos del Cónsul francés residente en Caracas, 
para que este tuviese la bondad de dirijirmela 
á París, bajo cubierta del Ministro de Relacio- 
nes Esteriores. No sé que haya llegado. 



24 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

Si mi situación hubiese sido otra en 
Francia yo habría corre j ido todos estos ma- 
nuscritos, y con la ayuda de un editor instrui- 
do los habría publicado. Puesto que no lo 
puedo hacer, otro lo hará tal vez, y es con esta 
esperanza y con esta intención que dejo el 
presente legado de todos los dichos manuscri- 
tos incluso el Diario de Bucaramanga á los se- 
ñores Administradores de El Siglo, para que 
ellos sean los editores y los hagan publicar á 
su beneficio en el idioma que gusten, con la 
única condición de que un ejemplar de cada 
obra será dirijido por ellos á cada una de las 
personas siguientes: Mr. Ensebe Perú en Mon- 
telimart, general de división, Francisco Ro- 
dríguez del Toro en Caracas, Señor Vicente 
Ybarra, en Caracas, para su hermano el gene- 
ral Diego Ybarra y á la señora viuda Perú de 
La-croix, Dolores Mutis, en Bogotá. 

Hago ademas este escrito para que nadie 
pueda ser acusado de mi muerte, y para que 
ella no sea atribuida á un acto de demencia 
de mi parte, sino á la fría y juiciosa razón, 
único móvil de mi voluntad y de mi mano- 
Mi sepultura me inquieta poco: sin em- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA 



bargo, si mi voluntad pudiese valer algo, yo 
pediría el entierro de un simple soldado, que 
fué mi primer grado militar en Francia. 

Hecho y firmado de mi mano, debiendo 
llevar la fecha del día de mi muerte. 

L. Perú de La-croix. 
París, á de 1837." 

Perú de La Croix tenía 45 años cuando 
contrajo matrimonio en la ciudad de Bucara- 
manga y en el año de 1825, con la honorable 
señora doña Dolores Mutis, hija del célebre 
don Facundo Mutis Consuegra, personalidad 
notable de la provincia de Pamplona y figura 
interesante en la causa de la Independencia, 
que luego fué miembro de la Convención de 
Ocaña y más tarde Gobernador de Provincia. 
Don Facundo, era hermano de don Sinforoso, 
quien fué notable como hombre de ciencia al 
lado de su tío, el egregio sabio don José Celes- 
tino Mutis, jefe de aquella célebre expedición 
botánica cuya dirección le fué confiada más 
tarde a don Sinforoso. 

La honorable esposa del general Diego 



26 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

Ibarra era doña Mercedes Mutis, hija de don 
Sinforoso y tronco de muy distinguidas y co- 
nocidas familias de Caracas. 

Durante los 12 años que permaneció ca- 
sado el general Perú de La Croix, se recuerda 
que solamente hubo dos hijos en el matrimo- 
nio, Luis y Hortensia. El primero murió sin 
dejar sucesión y la segunda casó con el señor 
Diego Suárez, padre de la honorable y nume- 
rosa familia Suárez La Croix muy conocida 
en Bogotá. 

La viuda del general Perú de La Croix, 
doña Dolores, casó en Bogotá con el señor 
Bunch, Ministro inglés en aquella ciudad y 
padre del que desempeñó idénticas funciones 
en Caracas hace ya mucho tiempo. 

Ya que hemos hablado de la señora Do- 
lores Mutis, esposa del célebre La Croix, es 
oportuno consignar aquí la noticia de que 
existe en esta ciudad, en poder de mi muy 
apreciado amigo señor don Manuel Segundo 
Sánchez, un interesante documento autógrafo 
de doña Dolores, el cual me mostró el señor 
Sánchez. Tal documento lo fecha la señora 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 27 

Mutis de La Croix, en Bogotá el 10 de diciem- 
bre de 1837, y lo dirige al señor Vicente Galvis 
dándole las gracias y acusándole recibo de 
varios objetos que pertenecían a su marido 
Perú de La Croix, y los cuales fueron enviados 
de Caracas a Bogotá por el ilustre Marqués del 
Toro. 



JUICIO DE BLANCO Y AZPURUA 



JUICIO DE BLANCO Y AZPURUA ACERCA 
DEL "DIARIO DE BUCARAMANGA" 

"En el año de 1828, año doloroso y de 
amargura para el honrado patriota colom- 
biano, acompañaba Luis Perú de Lacroix co- 
mo empleado del Estado Mayor, al Liberta- 
dor, durante la permanencia de S. E. en la 
ciudad de Bucaramanga, con motivo de la 
reunión en Ocaña de la gran Convención co- 
lombiana. 

Fuese que llevara aquel Coronel apuntes 
de algunas circunstancias del trato privado 



32 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

de Bolívar en aquella corta mansión; o fuese 
que recogiera, anotándolos, varios episodios 
del servicio oficial de que era empleado cerca 
del Libertador, es lo cierto que en permane- 
ciendo Lacroix en Caracas, habitando en la 
morada del Marqués del Toro, por el año de 
1835, se ocupó en hacer, o en formalizar, un 
trabajo que tituló Diario de Bucaramanga; el 
cual, inédito y sin autenticidad, estuvo en mu- 
chas manos, y fué copiado 2SP" con alteracio- 
nes, supresiones o ampliaciones a voluntad 
de los copiantes y obedeciendo a la sugestión 
de las pasiones políticas militantes de la épo- 
ca, no menos que al frío cálculo individual; 
que todos esos sentimientos e intereses aspi- 
raban a estar representados en un documento 
tan importante como merece serlo el que sea 
verdaderamente la recopilación de las ideas 
y sentimientos de Bolívar, expresados en el 
estrecho recinto del trato privado. 

Así fué la vida, por casi medio siglo, del 
escrito de Lacroix, hasta 1869. Es fama que 
el señor Fernando Bolívar obtuvo una de 
esas copias sacadas a voluntad, y que prohi- 
jando algunas partes del manuscrito, com- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 33 

puso, o propendió a que se compusiera, alte- 
rando, añadiendo, suprimiendo y variando 
muchos puntos de la copia, la obra a que se 
pone el título de Efemérides colombianas so- 
bre Venezuela, Colombia y Ecuador, que for- 
maron en un tiempo una sola República, cua- 
derno que fué impreso en París en 1870. 

Aun sin ser auténtico, el manuscrito de 
que vamos a tratar, lo incluiríamos en la Com- 
pilación dándole acogida y debido puesto en 
esta oportunidad con la correspondiente nota 
crítica. Y no nos ocuparíamos ahora de él a 
no ser que en los últimos tiempos se ha ex- 
plotado la palabra autorizada de Bolívar in- 
ventada ad-hoc en forma de conversaciones 
confidenciales, por el general Lacroix, inven- 
ción que ha sido más luego acomodada con 
destino al servicio de varios intereses y de 
vano orgullo individual. 

Hasta el año de 1870 lo que existía, que 
nosotros conociéramos acerca del titulado 
Diario de Bucaramanga, lo registran los do- 
cumentos siguientes: 



34 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"Curazao, noviembre 4 de 1870. 
"Señor Redactor de El Diario. 

"Caracas. 

"La lectura, en la importante hoja de usted, de 
'una serie de inserciones tituladas Diario de Buca- 
'ramanga, me ha inducido a hacerle la presente 
'carta. 

"Desde algunos años poseo el original de eso que 
'llaman Diario de Bucaramanga. Lo componen un 
'número de cuadernillos autógrafos del general La- 
'croix, con que formé un tomo a que puse desde 
'años pasados la Advertencia de que es copia el ad- 
'junto papel, que conservo inédito como una curio- 
sidad, y que no ha merecido colocarlo en la larga 
'Compilación de Documentos Históricos del General 
'Blanco. 

"En Caracas he facilitado, para su lectura, a po- 
'cas personas, algunos de esos cuadernillos, algunos, 
'porque premeditadamente reservaba los más curio- 
'sos. Sé que una de ellas copió sin mi asentimiento, 
'lo que le facilité para leer. El Diario de Bucara- 
'manga, que se forjó o se modificó en época de per- 
secuciones de colombianos a colombianos, tuvo un 
'objeto político o de bandería; y aun así, nadie se 
'atrevió — que yo sepa — a darlo a la estampa. Segu- 
ramente que hasta las pasiones de entonces se abs- 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 35 

"tuvieron de publicar como de Bolívar una inven- 
ción; o sería que la probidad interviniera para no 
"consentir en que se diafanizaran algunas confiden- 
"cias que el ilustre muerto hiciera sin esperar, ni me- 
"nos autorizar, su publicación; pero ha transcurrido 
"casi medio siglo, y los jóvenes Redactores de El Dia- 
"rio de Caracas, que no conocerán la historia del de 
"Bucaramanga, lo habrán tenido como auténtico. 

"Compatriota muy respetuoso por la memoria 
"de Bolívar; y, más que por todo esto, por ser amigo 
"de la verdad histórica, quiero que se registre alguna 
"protesta contra la idea que sea verdadero el Diario 
"de Bucaramanga del Gral. Lacroix que se ha pu- 
blicado en El Diario de Caracas. Con tal objeto 
"pido a usted se sirva dar lugar en sus columnas a 
"la presente carta, y a la adjunta copia. 

"Soy de usted atento servidor y compatriota, 

"R. Azpürúa. 

\dvertencia citada: 

e imparcial compatriota de Bolí- 

irador, y mi adhesión a la verdad 

iucen a consignar aquí las siguien- 

. de Lacroix, francés al servicio de Co- 



36 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



'lombia en 1823, Coronel de sus ejércitos para 1829, 
y ascendido a General en 1830, cuando el edificio 
'de la gran República se desplomaba, desempeñaba 
'un puesto en el Estado Mayor del Libertador, en 
'Bucaramanga, en aquellos días de 1828 durante la 
'malograda sesión de la Gran Convención de Ocaña. 

"Lacroix corrió la suerte que cupo a los bolivia- 
'nos después de la catástrofe de 1830; y el testimo- 
'nio de algunos de sus conmilitones, que le han so- 
'brevivido, asegura que su adhesión a Bolívar con- 
'tinuó incólume aun por sobre la tumba de Santa 
'Marta. Sufrió a la par que muchos colombianos las 
'persecuciones de los enemigos de la integridad de 
'Colombia y de su fundador; persecuciones que en 
'parte indujeron a muchos patriotas ilustres a dar 
'el escándalo de dividirse en grupos fratricidas de 
'bolivianos, santanderistas, y paezistas, de granadi- 
'nos, venezolanos y colombianos; el general Lacroix 
'tan adherido a los bolivianos, como contrario a los 
'que destruyeron a Colombia y contrariaron a Bolí- 
'var, lo fué también de aquellos de sus conmilitones 
'que más tarde dejaron las filas colombianas. 

"Fué promediando el año de 1835 que apareció 
'entre algunas personas de Caracas un manuscrito 
'llamado Diario de Bucaramanga, recomendado co- 
'mo auténtico por el círculo revolucionario "Refor- 
'mista", a que pertenecía, con el autor, sus amigos y 
'deudos. De ese manuscrito autógrafo de Lacroix 
'son los folios que constituyen ese volumen que es 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 37 

"el original auténtico de Lacroix que poseemos y que 
"antes hemos citado. 

"¿Será indudable que se hizo ese trabajo en Bu- 
"caramanga, en los dias en que el diarista servia o 
"acompañaba al Libertador? ¿Estarán allí recogi- 
"dos con toda probidad, sin favor para algunas per- 
donas, sin prevención para otras, el juicio y las apre- 
ciaciones que en el estrecho recinto de la intimidad 
"emitiera el Libertador? Hay quien lo dude; quien 
"diga que el tal Diario se hizo o se rehizo por La- 
"croix, calculadamente, en Caracas, por el año de 
"1835; y también quien se resista a creer que muchas 
"palabras puestas en boca de Bolívar, que muchas 
"apreciaciones presentadas como de él, no sean una 
"invención del espíritu de partido y del resenti- 
"miento por las persecuciones de aquella época. 

"El juicio que, del titulado Diario de Bucara- 
"manga, hemos formado — sin que querramos amen- 
guar la honra del autor — no es favorable. Por el 
"conocimiento de algunas especiales circunstancias, 
"por el estudio del manuscrito y examen de los acci- 
"dentes notables de la parte material de su forma, 
"pensamos que no debemos contribuir en manera 
"alguna a que tenga lugar en la historia patria un 
"documento destituido en nuestro concepto, de todo 
"título de veracidad. 

"Protestamos que en nuestro proceder actual no 
"ejerce influencia alguna la veneración que tenga - 
"mos por Bolívar, cuya memoria se ofende presentán- 
dole a la posteridad tan poco discreto al hablar de 



38 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



"sus tenientes, compatriotas y amigos. Es sólo la 
"adhesión a la verdad histórica lo que ahora nos 
"guía. (*). 

"Caracas, 1864. 

"R. Azpurúa." 

Los dos anteriores datos se publicaron 
primeramente en el Diario de Caracas de 21 
de noviembre de 1870, número 93, y fueron 
reproducidos espontáneamente en varias par- 
tes del mundo: que sepamos, por los diarios 
de La Guaira, Puerto Cabello, Ciudad Bolívar 
y otros de Venezuela; por El Tiempo de Bogo- 
tá, La Empresa de Cúcuta y algunos otros pe- 
riódicos de los Estados Unidos de Colombia; 
por La América Latina de París, El Nuevo 
Mundo de Nueva York y por muchos otros ór- 
ganos de la prensa americana y europea, con 
lo que el criterio público protestó adhiriéndose 
a la protesta, que se registró desde 1870 en los 
anales de Venezuela, contra la falsa idea de la 
veracidad del Diario de que venimos ha- 
blando. 



(*). La carta y advertencia anteriores son copiadas fielmente 
del tomo que formó don Ramón Azpurúa, con los cuadernillos autó- 
grafos del general Perú de La Croix. — P. U. 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 39 

Y nada habría que añadir sobre tal asun- 
to, y menos si hubiese de quedar limitado al 
conocimiento de la generación actual, que ha 
fallado sobre él, a no ser que no ha faltado in- 
terés privado personal, ni aspiraciones de 
conmilitones y ni odios de partido que quieran 
hacer del escrito del general Lacroix, una ma- 
teria prima fundible para vaciarla cada cual 
en su molde y sacarla en la forma que el in- 
terés privado, las aspiraciones y el odio, cada 
uno a su vez lo necesita. Debemos precaver 
ese abuso consignando en este lugar lo que sa- 
bemos, lo que es la verdad histórica a cuyo 
servicio venimos consagrados desde hace al- 
gunos años. 

El general Luis Perú de Lacroix mostra- 
ba en 1835 a sus amigos de Caracas, una que 
otra tira de papel, escrita por él, en que decía 
que había recogido algunas confidencias del 
Libertador, que aquéllos al mismo tiempo 
copartidarios bolivianos, le indujeron a ex- 
tender en forma de Diario. Lacroix era un 
francés de instrucción, vivo en sumo grado, 
inquieto, de pasiones políticas muy activas, 
las que guiaban sus procederes como hombre 



40 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

de partido tanto para enaltecer al copartida- 
rio y amigo, como para atacar al antípoda o 
adversario. 

Aparecieron, pues, próximamente al mo- 
vimiento revolucionario del 8 de junio de 
1835, algunos cuadernillos de puño y letra de 
Lacroix, bajo el título de Diario de Bucara- 
manga, que se habían escrito en la casa del 
Marqués del Toro, alojamiento de aquél, si- 
guiendo la aspiración o accediendo a las exi- 
gencias de varios Jefes colombianos, que, co- 
mo Lacroix, se vieron luego encabezando o 
impulsando la revolución de julio. Cuál más, 
cuál menos, indicaba o exigía que el diarista 
escribiese en sus cuadernillos lo que se anhe- 
laba tener como apreciaciones, ideas y senti- 
mientos, o palabras del Libertador, ora en 
sentido desfavorable y hasta infamante del 
antípoda o ya en buenos términos para con el 
amigo, deudo o copartidario. Y Lacroix 
condescendía; aumentaba páginas, rasgaba 
otras que sustituía, duplicaba varias, que el 
fin era hacer un volumen que se tuviese como 
Diario llevado en Bucaramanga durante la 
mansión allí del Libertador, quien debía apa- 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 41 

recer difamando a varios de sus tenientes, y 
enalteciendo a otros, según lo que algunos vi- 
vientes necesitaban para sus miras, o lo impo- 
nían sus pasiones. ¡Bi^ Era muy fácil para 
Lacroix, así como también para los que acom- 
pañaban a Bolívar, recordar su dicción y es- 
tilo, y por esto es muy posible SSIPusar los 
giros e imágenes habituales del ilustre muer- 
to, con lo que podía darse apariencia de au- 
téntico y verídico lo que era una invención 
ad-hoc. 

En nuestro poder está desde hace algu- 
nos años el autógrafo original que Lacroix 
hizo o formalizó en 1835, titulado Diario de 
Bucaramanga; y los accidentes que allí se no- 
tan, unidos a otros datos, comprueban lo que 
hemos narrado en el párrafo anterior. De ese 
manuscrito, que leían los curiosos, tomaban 
copias algunos, y supimos que se cometía en 
éstas el abuso de hacer agregaciones y supre- 
siones respectivamente a voluntad del copis- 
ta, S^ 3 lo que era fácil toda vez que el autó- 
grafo no se encontraba autenticado. 

Nadie se atrevió en Colombia, durante 
muchos años, a dar a la estampa el misterioso 



42 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



documento que ninguna confianza inspiraba. 
Fué en 1870 que en Venezuela la juventud, 
desorientada enteramente de los anteceden- 
tes especiales, guiada por el espíritu de ins- 
trucción y de publicidad, quiso presentar co- 
mo dato inédito, curioso y de interés históri- 
co, una copia de la escritura de Lacroix, y la 
publicó en las columnas del Diario de Cara- 
cas, publicación de que se apoderó, con toda 
seriedad, una voluntad un tanto injusta en 
esta vez, mal dispuesta desde época distante 
por el virus de las rencillas que no faltaron 
entre los servidores en la Guerra de la Inde- 
pendencia. 

El venerable procer José Félix Blanco, 
hombre cuya rectitud y probidad son prover- 
biales, teniendo conocimiento e íntima per- 
suación de que el renombrado Diario de Bu- 
caramanga es una invención para poner en 
boca de Bolívar lo que algunos querían pre- 
sentar como dato incontrastable, consideró, y 
así hubo de manifestárnoslo un día, que tal 
escrito era de todo punto indigno de tener lu- 
gar en la compilación de "Documentos para 
la Historia de la vida pública del Libertador"; 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 43 

y concluyó aquel ilustre procer con estas tex- 
tuales palabras: "debemos apartar este ma- 
nuscrito: esas son cosas del francés Lacroix y 
de algunos de sus compañeros en la revolu- 
ción de Reformas." 

La parte del escrito de Lacroix, tratando 
de Ricaurte, da la medida de lo que es toda la 
obra; y no es esto todo, lo que podemos men- 
cionar acerca de ella; hay algo más grave, 
más curioso, que tenemos el deber de consig- 
nar a continuación. 

Un caraqueño de algunas originalidades 
llevó a Europa una de aquellas copias manus- 
critas simples, discrecionalmente acomoda- 
das, y de ella hizo allá la trasfiguración que le 
sugirieron sus miras e ilusiones, poniendo 
para ello en la boca de Bolívar, de Bolívar el 
Libertador, todo lo que le pareció más conve- 
niente, corrigiendo, suprimiendo y añadien- 
do, al efecto, en la obra de Lacroix, quien para 
entonces ya estaba muerto. Y esa trasfigura- 
ción la ha publicado nuestro original cara- 
queño en un cuaderno en 8 o mayor con el tí- 
tulo de Efemérides colombianas sobre Vene- 
zuela, Colombia y Ecuador, que formaron en 



44 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



un tiempo una sola República; con un prólo- 
go datado en París a 2 de junio de 1869, bajo 
el pseudónimo de Unos colombianos; y pone 
en 124 páginas de las 136 que componen el 
cuaderno, una parte del titulado Diario de Bu- 
caramanga, notablemente alterado, que hace 
aparecer con la firma de Lacroix, firma que 
no tiene el autógrafo original. 

La manera tan injusta y cruel con que 
en Bogotá se trató al general Lacroix y a sus 
compañeros de partido y de infortunio en 
1830, mantenía en su ánimo mala voluntad 
para con los granadinos, y por esto escribía 
en la página 408 de su Diario, como dicho por 
Bolívar lo siguiente: "Ricaurte, otro militar 
"granadino, figura en la historia como un 
"mártir voluntario de la libertad, como un hé- 
"roe que sacrificó su vida para salvar la de 
"sus compañeros, y sembrar el espanto en 
"medio de los enemigos; pero su muerte no 
"fué como aparece: no se hizo saltar con un 
"barril de pólvora en la casa de San Mateo, 
"que había defendido con valor: yo soy el au- 
"tor del cuento: lo hice para entusiasmar mis 
"soldados, para atemorizar a los enemigos, y 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 45 

"dar la más alta idea de los militares granadi- 
"nos." (*). 

Pero copiaremos ahora lo que sobre este 
episodio dice el general Tomás C. Mosquera, 
en sus Memorias, página 150, tomo I. 

"El impertérrito Ricaurte, al verlos so- 
"bre sí, da fuego a las municiones; y la ines- 
perada explosión con un terrible estruendo, 
"destruye en gran parte la columna enemiga, 
"y el resto huye despavorido, abandonando el 
"lugar en que un solo hombre combatió por 
"la salud del Ejército. 

"La historia apenas cuenta un hecho se- 
"mejante. 

"Bolívar conservaba siempre tal respeto 
"por la memoria de este valiente oficial, que 
"con un entusiasmo guerrero, nos decía un 
"día: "¿Qué hay de semejante en la historia 
"a la muerte de Ricaurte? Este suicidio por 
"salvar la Patria, al Ejército y a mí, sin más 
"esperanza que el amor a la independencia y 
"a la libertad, es digno de cantarse por un 
"ilustre genio como Alfieri." 



(*). En otra parte de este libro, hallará el lector la refutación 
completa de estas palabras y otras que Perú de La Croix atribuye a 
Bolívar. 



46 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



Blanco y Azpurúa terminan su valioso 
juicio con las siguientes palabras: 

"Nosotros cumplimos un deber registran- 
do en este lugar una protesta muy fundada 
contra procederes que falsean la Historia de 
Colombia, y que profanan la memoria de 
Bolívar. Y dejamos probado, que no es au- 
téntico el tal Diario, ni verídica la relación 
que en él se hace como si fuese la expresión 
y el sentimiento de Bolívar que se dicen re- 
cogidos por Lacroix en los sesenta días de 
1828 que permaneció en Bucaramanga el Li- 
bertador Presidente de la República de Co- 
lombia." 






CARTA CIRCULAR 



Caracas, setiembre de 1912. 
Señor 

Tengo el proyecto de publicar una serie 
de artículos dedicados a la juventud de Vene- 
zuela y de Colombia, cuyo tema será : Perú de 
La Croix y el Diario de Bucaramanga. 

He juzgado de mucho interés para mi pe- 
queño trabajo histórico, conocer su valiosa 
opinión acerca de dos puntos que de seguida 
le expresaré: 



48 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



I. ¿Cree usted verídico el Diario de Buca- 
ramanga y qué opinión se ha formado de él? 

II. ¿El juicio emitido sobre dicho Diario, 
por Blanco y Azpurúa, puede conceptuarse co- 
mo emanado de una gran fuente de autoridad 
moral, dado el prestigio de aquellos dos histo- 
riadores; o cree usted que tal juicio sea apa- 
sionado? 

Anticipándole las más expresivas gracias, 
soy siempre su amigo, 



Pinzón Uzcátegui. 



OPINIONES NOTABLES 



DEL SR. MANUEL SEGUNDO SÁNCHEZ, 

DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE VENEZUELA. 

Caracas, 2 de octubre de 1912. 

Señor don M. Pinzón Uzcátegui. 

Presente. 

Estimado señor y amigo : 

Recibi su atenta carta del 17 del mes próximo 
pasado. Aunque carezco de autoridad en achaques 
históricos, voy a contestar a su interrogatorio, sin 
que en ello me guie un alarde de suficiencia, sino el 
temor de incurrir en una descortesía. 

En tal virtud he de decirle : 



52 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



I o Sin disputa, el Diario de Bucaramanga ado- 
lece de inexactitudes. Y al juzgarlo definitivamente, 
habrá de tomarse en cuenta el momento histórico, 
lleno de incertidumbres y desengaños para el alma 
del Libertador, cuando recogió el autor una serie de 
juicios sobre personas y acontecimientos, emanados 
del Grande Hombre y emitidos en el seno de la ma- 
yor intimidad. 

También deberá tomarse nota de las pasiones 
del autor, a quien sin duda movieron a pintar con 
negros colores a aquellos personajes de la Gran Co- 
lombia, de los cuales tenía motivos de resentimiento. 

2 o Ciertamente, la opinión del presbítero y ge- 
neral José Félix Blanco, aceptada por don Ramón 
Azpurúa, sobre el poco valor histórico del manus- 
crito de Perú de Lacroix, es de mucho peso, habida 
cuenta de la probidad de aquel ilustre compatriota, 
que aguarda aún los honores de la estatuaria; pero 
son tales las ideas y juicios que la obra contiene, que, 
para quienes se hayan dado a estudiar la psicología 
del Libertador, no es un enigma el de que tales ideas 
y juicios no pudieron emanar sino de la cabeza de 
los milagros y de la lengua de las maravillas. 

Muchas de las apreciaciones que Perú de La- 
croix pone en boca de Bolívar, son tenidas hoy por 
juicios definitivos de la Historia. 

Dejo así contestadas las preguntas que me hace; 
y con el deseo de que lleve a feliz remate su pro- 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 53 

yecto, tiene a honra suscribirse de usted, su aprecia- 
dor y amigo. 

M. S. Sánchez. 



DEL GRAL. F. TOSTA GARCÍA, 

DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE VENEZUELA. 

Caracas, noviembre 4 de 1912. 
Señor Pinzón Uzcátegui. 

Ciudad. 
Muy estimado amigo: 

Con mucho gusto voy a contestar las dos pregun- 
tas contenidas en su atenta carta fecha 29 del mes 
pasado con la cual he sido favorecido. 

Es oportuna y será interesante la publicación 
que usted me anuncia, dedicada a la juventud de 
Colombia y Venezuela por cuya razón contribuyo 
con mi grano de arena al mencionado propósito que 
usted me comunica. 

El Diario de Bucaramanga no puede ser racio- 



54 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



nalmente verídico desde luego que, esos juicios y 
apreciaciones que contiene respecto a los magnos 
acontecimientos de nuestra Epopeya, relacionados 
con el Libertador y sus ínclitos tenientes están, la 
mayor parte de ellos, en completa contradicción con 
los documentos públicos y con la correspondencia 
epistolar y notas oficiales, tanto del uno como de los 
otros. 

El luminoso expediente de nuestra redención 
está a la altura de su magna gloria; es un asunto 
juzgado y sancionado ya, que no puede perturbarse 
por el vuelo de una mosca inoportuna. 

Sería mayúsculo desatino suponer que el relato 
desautorizado y semi-apócrifo del señor Perú de La- 
croix, quien a última hora entró a servir al lado del 
Libertador, viniera, no digo a echar por tierra pero 
ni siquiera a desvirtuar el criterio recto e inconmovi- 
ble de las mencionadas publicaciones, proclamas, de- 
cretos, órdenes generales y los juicios y apreciacio- 
nes de los historiadores Colombianos y Venezolanos. 

Si no cargaba el señor Perú de Lacroix taquí- 
grafo a su lado, ni era concebible que llevara adhe- 
rida a su memoria una plancha fotográfica, ni para 
esa época conocíamos las maravillas del fonógrafo, 
¿cómo imaginar el milagro de podernos trasmitir in- 
mensos períodos de conversaciones íntimas y de jui- 
cios numerosos y detallados sobre hombres y sobre 
nuestros hechos con dictámenes y opiniones en abier- 
ta contraposición con los ya mencionados documen- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 55 

tos públicos y reñidos con la franqueza, con la caba- 
llerosidad, con la nobleza y el recto proceder, que 
fueron siempre la norma del coloso de la América 
del Sur? 

Suponer tan fenomenales facultades retentivas 
en un secretario o covachuelista de carne y hueso, co- 
mo otro cualquiera de la profesión, es un imposible y 
un absurdo; y en el supuesto caso de que el General 
Bolívar, en algunos momentos amargos de su agitada 
vida, hubiera podido verter duras frases de desahogo 
contra alguno o algunos de sus subalternos, nadie 
estaba autorizado a recogerlas y a ampliarlas a su 
antojo, sacándolas de los límites del fuero interno y 
de la intimidad, sin autorización suya; y si el señor 
Perú de Lacroix entonces pudo cometer semejante 
indiscreción o deslealtad y últimamente un hijo de 
Colombia sin el permiso legal pudo copiar el manus- 
crito subrepticiamente e imprimirlo en el extranjero, 
a pesar de que en sus páginas no quedaban muy bien 
puestos muchos de sus compatriotas notables, esas 
producciones infundadas del referido Diario, no pue- 
den tener ningún valor y debe mirárselas como la 
obra maquiavélica de los intrigantes en aquellos 
años funestos de reacciones pérfidas y de ingratitu- 
des injustificables contra el eximio Héroe caraqueño, 
a quien el memorialista francés destaca en su libro 
como un farsante hipócrita que procedía en des- 
acuerdo con sus creencias y que hasta inventaba he- 
chos fabulosos para engañar a las multitudes. 



56 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



En síntesis creo, que el Diario de Bucaramanga 
es un tejido de invenciones dañinas encaminadas a 
falsear la historia y salpicar borrones en el cuadro 
admirable que representa nuestro excelso Génesis 
de nación libre e independiente. 

Esa urdimbre de un despechado exótico, no pue- 
de desvirtuar ni en un ápice la grandeza de nuestro 
pasado ni la magnitud de los titanes que combatie- 
ron en todos los terrenos para darnos renombre y 
brillo; y a nadie se le debe ocurrir la especie risible, 
de que Bolívar, cuyo ideal fué siempre la Gran Re- 
pública de Colombia y la más cordial unión entre los 
cinco países que libertó, pudiera en tan duros térmi- 
nos denigrar de los generales granadinos, ni mucho 
menos anunciar y encomiar en una proclama, como 
un gran ejemplar de corte asombroso y mitológico, 
el sacrificio de Ricaurte en San Mateo, para negarlo 
después y declararse cómplice de una indigna super- 
chería. 

Nó, el Alcibíades americano, el general insigne 
que con los granadinos vino a libertar a Venezuela 
y con los venezolanos fué a redimir a la Nueva Gra- 
nada, no podía pensar de esa manera ni echar mano 
de semejantes recursos. 

Aquella imponderable acción de Ricaurte en 
San Mateo, presenciada y confirmada por testigos 
del lugar, que vivieron hasta hace pocos años y cuyo 
relato, de boca de un octogenario que vivía en Tur- 
mero, oyó el que esta carta firma, aquella acción he- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 57 

roica consagrada por tantos testimonios escritos, por 
tantas pruebas incontrovertibles y hasta por la per- 
durabilidad del bronce, no puede borrarse por la in- 
sustancialidad de una referencia aislada, de origen 
dudoso y de tendencias malévolas y anárquicas. 

Semejante incongruencia equivaldría a negar, 
por ejemplo, que Kléber se hizo dueño del Egipto 
con la portentosa batalla de Heliópolis, que Desaix 
al frente de sus aguerridos batallones, decidió la ba- 
talla de Marengo, que a Ney por su bravura se debió 
el éxito de Moscova, o que por su oportuna inter- 
vención, Soult no hubiera sido el nervio de Auster- 
litz, porque al ayuda de cámara que Napoleón tenia 
en Santa Helena, se le hubiera ocurrido estampar en 
sus memorias, que habia oido decir una noche al des- 
tronado Emperador, conversando con él familiar- 
mente, que tales proezas eran falsedades y que aque- 
llos cuatro Mariscales eran unos cobardes de marca 
mayor, que él habia elevado por cálculo para asus- 
tar a las potencias del mundo. . . . 

Creo, finalmente, que el juicio emitido sobre di- 
cho Diario, en las Biografías de Hombres Notables 
por los señores Blanco y Azpurúa, puede conceptuar- 
se como emanado de una gran fuente de autoridad; 
y por tal motivo fué, que en una sesión de la Acade- 
mia Nacional de la Historia, donde se trató sobre este 
punto, apoyé y voté en favor de la moción de mi co- 
lega y amigo el doctor Felipe Tejera, en el sentido 
de que, para anular y desvirtuar los efectos del re- 



58 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



ferido Diario de Bucaramanga, se publicase oficial- 
mente la muy acertada opinión de los citados histo- 
riadores. 

Acérrimo y constante partidario del acercamien- 
to de las Repúblicas Sud-americanas en el propósito 
de hacernos fuertes ante los peligros que se destacan 
en lontananza, debemos rechazar todo aquello que 
tienda a desunir, muy especialmente, a Colombia y a 
Venezuela, naciones hermanas que juntas combatie- 
ron para conquistar su Independencia, y que juntas 
deben combatir, si fuere necesario, para sostenerla 
en las eventualidades del porvenir. 

Soy de usted su atento servidor y amigo, 

F. Tosta García. 



DEL DR. PEDRO MANUEL ARCAYA, 

DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE VENEZUELA. 

Caracas, 13 de diciembre de 1912. 

Señor Pinzón Uzcálegui. 

Presente. 
Muy estimado amigo: 

Me refiero a su grata del 5 de los corrientes y con 
mucho gusto contesto las preguntas que contiene, es- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 59 

timándole el concepto de valiosa en que manifiesta 
usted tener mi humildísima opinión. 

No creo que merezca fe el Diario de Bucara- 
manga. Sólo podría estimársele como verídico si 
Perú de Lacroix fuese un testigo "mayor de toda ex- 
cepción" y no era así pues las notorias circunstan- 
cias de su apasionamiento político y otras inducen la 
posibilidad de que él haya puesto en boca de Bolívar 
expresiones imaginarias. 

El juicio de Blanco y Azpurúa sobre el particu- 
lar me parece decisivo y no tengo ningún motivo 
para sospechar de estos escritores. 

Su atento amigo y s. s., 

Pedro Manuel Arcaya. 



DEL DR. LISANDRO AL VARADO, 

DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE VENEZUELA. 

Barquisimeto, diciembre 19 de 1912. 

Señor doctor Pinzón Uzcátegui. 

Caracas. 

Muy estimado señor mío y amigo : 

Hace dos días recibí su favorecida carta circular 
de 6 de este mes, en la que me hace el honor de inqui- 



60 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



rir lo que yo piense acerca del Diario de Bucaraman- 
ga al tenor de las dos preguntas que usted formula 
como a continuación se lee. 

I o Cree usted verídico el Diario de Bucara- 
manga y que opinión se ha formado de él? 

2 o ¿El juicio emitido sobre dicho Diario por 
Blanco y Azpurúa, puede conceptuarse como ema- 
nado de una gran fuente de autoridad moral, dado el 
prestigio de aquellos dos historiadores? ¿O cree usted 
que tal juicio sea apasionado? 

Puesto que usted, según parece, aspira a prepa- 
rar, por decirlo así, la juventud de Colombia y Vene- 
nezuela para la lectura del célebre documento, y des- 
autorizar con ellos las ediciones mendosas de 1870 
y 1912, me ceñiré a asentar de antemano que en tal 
negocio me apartaría del modo como de ordinario 
juzgan las cosas políticas y sociales la mayor parte 
de los historiadores patrios, especialmente aquellos 
que con las mañas y vicios de un Salustio, pero no 
con su maestría y su talento, tratan de aparecer ante 
nuestros jóvenes como austeros moralistas y conse- 
jeros, cuando apenas pueden ocultar las trapisondas 
de su vida pública. Juzgo así que habiendo de ser 
consecuentes con el afamado homo sum de Teren- 
cio, es bien que nos apresuremos a reflexionar que 
nuestros héroes nacionales no son ni más grandes ni 
más pequeños en su obra cuando se descubren oca- 
sionalmente en ellos esas máculas más o menos in- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 61 

tensas que una meticulosa posteridad quiere inútil- 
mente desvanecer. 

I o Según esto me permito contestar a usted que 
la primera pregunta implica dos como éstas: ¿Son 
efectivamente de Bolívar los juicios expresados en el 
Diario, y fueron transcritos fielmente por Lacroix? 
¿Es auténtico el códice conservado en la Academia 
Nacional de la Historia? Ahora bien, dadas las cir- 
cunstancias extraordinarias que preocuparon al Li- 
bertador en los días de la Convención de Ocaña, ape- 
nas puede dudarse de la misantropía y el pesimismo 
con que Lacroix nos le pinta; y ni uno ni otro tenían 
interés en poner sambenito y coraza a sus mejores 
amigos, si por tal ha de estimarse el que hiciesen un 
juicio íntimo de éstos, como el que a menudo hace un 
gobernante de sus mejores servidores con ocasión de 
tal o cual coyuntura. Obsérvese además que varios 
de los personajes allí juzgados quedaron tanto en 
Venezuela como en Colombia a manera de esas pro- 
betas - testigos de los laboratorios, expuestos al exa- 
men minucioso y prolongado de los contemporáneos, 
sin que ninguno de aquéllos pareciese protestar in- 
dividualmente contra los perfiles que contiene el 
Diario, y lo que es más, justificando algunas de esas 
probetas las reacciones que el alquimista les atribuía. 
Es que hombres perfectos en lo político no es posible 
concebir. Buscarlos es una de las tantas locuras de 
los moralistas; y lo que con inexorable equidad no 
perdonan a un hombre de mediano valer, excúsanlo 



62 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



con mil argucias y eufemismos al grande o al pode- 
roso. Hé aqui por que suben de punto las hazañas 
de nuestros grandes hombres cuando pesamos sus 
extravíos o imperfecciones naturales con la romana 
de la franqueza y no con el granatario de la hipo- 
cresía. 

En cuanto a la confianza que puede inspirar el 
manuscrito de la Academia de la Historia, creo que 
es la suficiente para darle todo el valor de un docu- 
mento histórico. Afirma Azpurúa que el códice po- 
seído por él es el autógrafo de Lacroix conocido en 
Caracas desde 1835. No he visto ese códice; pero sí 
he examinado, merced a la amabilidad del general 
Pedro Arismendi Brito, el de la Academia, del cual 
publiqué en la revista caraqueña Sagitario una bre- 
ve descripción, a efecto de que fuese posible confron- 
tarlo en el caso de un extravío eventual. El copista, 
que hizo el traslado por los años de 1862 da fe de la 
conformidad de éste con el original, cuyo estilo y ga- 
licismos se han conservado en la copia. Los biblió- 
grafos y anticuarios de Caracas creen en efecto que 
esta copia de la Academia es igual a la que menciona 
Azpurúa. 

2 o En la segunda pregunta, inciso postrero, 
opto por la afirmativa. Parece que el venerable ge- 
neral Blanco experimentaba, cuando opinó sobre el 
Diario lo que Azpurúa le atribuye, la misma degene- 
ración mental religiosa que se apoderó de Soublette; 
y en cuanto a Azpurúa, por diversas razones, había 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 63 

de pensar al igual de su guía y maestro en la crítica 
de los documentos que publicaban. No osó dar a co- 
nocer el Diario, lo destituyó de todo título de veraci- 
dad, y sin embargo respetó su origen y su forma ar- 
quetípica, y lleno de miedo lo guardó bajo llave con- 
denándole a prisión perpetua. Es una puerilidad se- 
guir la evolución política de la humanidad a la in- 
decisa luz de una moral conservadora, exclusiva- 
mente occidental. 

En esta suerte de juicio plenario a que ha pa- 
sado el estudio de nuestros orígenes ya es inútil con- 
fiar en el sigilo histórico y en las novenas de la ha- 
giografía patria. 

Con toda consideración me suscribo de usted su 
obsecuente servidor y amigo, 

L. Alv ARADO. 



DEL DR. R. CORTÁZAR, 

DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE COLOMBIA. 

Rogotá, diciembre 20 de 1912. 

Señor Pinzón Uzcátegui. 

Caracas. 
Muy estimado señor: 

En respuesta a su muy atenta carta de usted fe- 
cha 6 de noviembre último referente a la veracidad 



64 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



del Diario de Bucaramanga, tengo el gusto de incluir 
a usted un artículo que publiqué en la Gaceta Repu- 
blicana de esta ciudad, de 30 de julio pasado, a raíz 
de la aparición del libro. Ahí están consignadas mis 
opiniones sobre tal libro. 

En cuanto al juicio emitido por Blanco y Azpu- 
rúa en sus "Biografías", creo no sea apasionado y sí 
emanado de autoridad moral; pero eso no significa 
que su apreciación deje de ser errónea, sin que yo 
pretenda entrar a definir categóricamente este punto. 

Le agradeceré lea el artículo y si lo encuentra 
aceptable, vería con gusto que usted lo hiciera repro- 
ducir en esa ciudad. Mis opiniones las comparten 
aquí varios miembros de la Academia de la Histo- 
ria. 

Afectísimo servidor, 

R. Cortázar. 



PERÚ DE LACROIX 

El libro que acaba de ponerse a la venta en nues- 
tras librerías, con el título de Diario de Bucaramanga 
y cuyo autor va al principio de estas líneas, ha pro- 
ducido cierta indignación y desagrado. 

Ante todo, el libro no es una novedad en el cam- 
po de la Historia. El Diario de Bucaramanga ya era 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 65 

conocido de nuestros eruditos, quienes le habían 
dado el justo valor que debe atribuírsele. Y si es 
verdad que no se conocía tal como lo acaba de pu- 
blicar la casa de Ollendorff, la mayor abundancia de 
sus páginas no hace sino corroborar la idea que antes 
se tenía de él. Entre los mismos historiógrafos ve- 
nezolanos, si bien hay algunos que tienen el Diario 
como fuente histórica para juzgar el carácter de Bo- 
lívar, otros hay que se han encargado de demostrar 
que aquel conjunto de afirmaciones exageradas no 
pueden ser obra del Libertador. 

El Diario de Bucaramanga es una diatriba con- 
tra nuestras más legítimas glorias de la Guerra Mag- 
na, diatribas pronunciadas por Bolívar en el atarde- 
cer de su vida pública. Parece en efecto, que el Li- 
bertador, durante su permanencia en Bucaramanga 
en los días de la Convención de Ocaña, no se hubiera 
propuesto otra cosa que desgranar los más fuertes 
epítetos sobre el mérito de aquellos subalternos su- 
yos que contribuyeron a levantar el pedestal de su 
gloria. 

Para apreciar el valor de un libro como el Dia- 
rio de Bucaramanga no nos parece argumento de 
autenticidad el hecho de que los manuscritos signa- 
dos por Lacroix existan en la Academia de la Histo- 
ria de Venezuela. No todo el mundo dice la ver- 
dad cuando escribe, y de aquí que haya necesidad 
de penetrar más hondamente en las circunstancias 
que pudieron dar origen al Diario, y ver allí proba- 



66 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

blemente, más que la verdad del relato, un desahogo 
de la pasión política, entonces exacerbada hasta el 
extremo. Marcados como estaban en aquella época 
nuestros dos partidos, harto conocida es la intensi- 
dad de la lucha librada en muchos puntos y cuyo 
foco central estaba en la Convención de 1828. 

El Diario es escrito por un boliviano, adicto al 
Libertador y oficial de su confianza. Nada tiene de 
raro que Lacroix hubiera querido fustigar desde esas 
páginas saturadas de pesimismo desesperante, la me- 
moria de los más notables jefes granadinos, hacién- 
dolos desfilar con sus más vergonzosos arreos. Allí 
nadie se escapa : Sucre mismo, apesar de la blan- 
cura de su alma, aparece apocado en sus méritos por 
las palabras de Bolívar, y eso que el Libertador tuvo 
para el Gran Mariscal las más brillantes frases a 
raíz de Ayacucho. 

Cierto es que hay allí elogios para los bravos — 
y todos los fueron — pero nadie deja de tener gran- 
des defectos que, según la vehemencia de Lacroix, 
el Libertador se complace en relatar a sus amigos, 
¿con qué objeto? ¿Denigrarlos a ellos no era deni- 
grarse a sí mismo? ¿Quería acaso Bolívar aparecer 
como el único digno de llevar a término la empresa 
de libertar un continente? No queremos creerlo. Y 
si los conceptos emitidos en el Diario y que se refie- 
ren a los jefes patriotas, hubieran salido de los la- 
bios de Bolívar, la gran figura de la libertad ameri- 
cana se amenguaría ante nuestros ojos para dar ca- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 67 

bida al hombre ruin y bajo que se goza en apuntar 
los defectos de los que le ayudaron a vencer! 

Háse sostenido que ese era el carácter de Bolí- 
var, especialmente en aquellos días en que las de- 
cepciones abrían surcos en su rostro tostado al calor 
de los soles del trópico. Su espíritu era realmente 
volteriano; tuvo en ocasiones frases irónicas para sus 
oficiales, pero de aquí no puede imaginarse que el 
Libertador se diese a la tarea de denigrar a los pro- 
ceres granadinos. 

Por una curiosidad hemos anotado los nombres 
de los proceres ennegrecidos por las pinceladas de 
Bolívar, (*) y francamente confesamos que por allí 
desfilan todos o casi todos los más ilustres defensores 
de la República, hombres que si tuvieron pasiones y 
defectos, tuvieron también el mérito de hacerse matar 
por la libertad, y eso sólo fuera bastante para que el 
Libertador no hubiera querido entregarlos al escar- 
nio de la posteridad. 

Si el Diario de Bucaramanga fué escrito por un 
partidario de Bolívar, gran perjuicio se infiere allí a 
la memoria del grande hombre, quien aparece desti- 
lando la más profunda soberbia, mucho más cuando 
todo inclina a pensar que el Libertador, en esa hora 
amarga de sus decepciones, ha debido tener una 
voz de aliento para aquellos que compartieron con 



(*). Juzgamos que el autor de este escrito haya querido decir 
La Croix. — P. U. 



CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



él los azares y los peligros de la guerra. Bolívar 
debió comprender que la postrera etapa de su vida 
agitada y revuelta habría de llevarlo muy pronto al 
sepulcro, y él, que a orillas de la tumba proclamaba 
la concordia como el único medio de salvación, no 
iría a romper la hermosa unidad de su esfuerzo sem- 
brando las rivalidades, emitiendo juicios las más de 
las veces exagerados y que lejos de engrandecerlo 
empequeñecían su figura de ciudadano y de gue- 
rrero. Nó, Bolívar amaba su gloria ! ! 



R. Cortázar. 



DEL DR. B. TAVERA ACOSTA, 

DE LAS ACADEMIAS DE LA HISTORIA DE VENEZUELA 
Y DE COLOMBIA. 

Ciudad Bolívar, 2 de febrero de 1913. 

Señor doctor Pinzón Uzcátegui. 

Caracas. 
Muy estimado amigo: 

Me refiero a la atenta carta de usted, fecha 12 
del pasado enero, en la que se sirve informarme que 
tiene el proyecto de publicar una serie de artículos 
históricos dedicados a la juventud de Venezuela y 
de Colombia, cuyo tema será Perú de Lacroix y el 
Diario de Bucaramanga; y en consecuencia desea us- 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 69 

ted conocer mi humilde opinión acerca de la vera- 
cidad de ese libro y asimismo acerca de si el juicio 
emitido sobre dicho Diario por los compiladores 
Blanco y Azpurúa "puede conceptuarse como ema- 
nado de una gran fuente de autoridad moral, dado 
el prestigio de aquellos dos historiadores", o si bien 
considero "que tal juicio sea apasionado." 

Aplaudo desde luego el proyecto de usted, y 
ojalá que, saliéndose del molde de la vieja Escuela 
de historiadores colombo-venezolanos, haga labor de 
verdadera historia. 

Aunque mi opinión nada vale, me es grato co- 
rresponder a la inmerecida distinción que usted me 
acuerda. 

Veinte años atrás, cuando aún estaba imbuido 
en los prejuicios que el personalismo boliviano im- 
pone en la mayoría de los hogares patrios, pensaba 
yo que habia grandísimas mentiras en el libro de 
Perú de Lacroix, no obstante haber sido éste, ele- 
mento netamente bolivarista desde 1823 hasta des- 
pués de la muerte del gran Caudillo americano. 

Después, las cosas han cambiado, y mi pobre cri- 
terio entregado al estudio sereno de nuestra histo- 
ria y al de la personalidad multiforme y grandiosa 
del egregio Bolívar, se ha modificado de tal modo, 
que me es imposible sostener las opiniones de mis 
primeros años. 

Nuestra historia, relacionada con la guerra de 
la emancipación política de España, así como la de 



70 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

su patria de usted, han sido escritas bajo las influen- 
cias de los personalismos. De allí el que a cada paso 
venga en mis insignificantes estudios históricos recti- 
ficando tanto error acumulado en las páginas de 
nuestros viejos historiógrafos. 

Prueba de ello son las Biografías de hombres no- 
tables de Hispano América, por Ramón Azpurúa; los 
relatos interesados del presbítero José Félix Blanco, 
en los Documentos para la historia de la vida pública 
del Libertador, recopilados por él y por su férvido 
cofrade Azpurúa; la Vida de Bolívar, por Felipe La- 
rrazábal etc., etc., que han contribuido por manera 
principal a extraviar el criterio histórico de las mo- 
dernas generaciones colombo-venezolanas. 

Así, pues, juzgo que el Diario del para 1828 coro- 
nel Luis Perú de Lacroix, Jefe de E. M. que fué del 
Libertador, es de gran trascendencia histórica y de 
notable interés para completar el estudio moral de 
Bolívar. Puede que en sus páginas haya puesto 
algo de su fantasía el ilustrado y valiente militar; 
el fondo aparece de incuestionable fidelidad ante el 
criterio de quienes se dan cuenta de la lógica de los 
hechos cumplidos y de las condiciones morales del 
más grande de los americanos. 

Por tales circunstancias me ha complacido la 
noticia que leí en la prensa de esa capital, de que 
además de la parte del Diario publicado en París, en 
1869, ha aparecido otra, de la cual he visto fragmen- 
tos en El Cojo Ilustrado. 

Cuanto a la opinión que me merecen los compi- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 71 

ladores Blanco y Azpurúa, no una sino cinco y más 
veces, ha sido necesariamente adversa, considerando 
como de pecaminosa gran parte de su labor, no ajus- 
tada a la severidad de la historia y con ingrato me- 
noscabo de la verdad y la justicia. 

Y qué otro concepto puede merecer, quien como 
Blanco, adultera documentos o inventa cuentos en 
obsequio del personalismo triunfador, cuando no 
para darse ficticias glorias? 

Y es bueno que usted sepa que ese mismo Blan- 
co, infeliz expósito recogido por deudos de la madre 
del Libertador, quienes lo prohijaron hasta el punto 
de darle su apellido, fué un incondicional de Bolívar, 
más aún: un fanático; y de alguna manera, aun por 
vías incorrectas, tenía que demostrar su adhesión y 
gratitud. Pero tratándose de asuntos de historia mal 
pueden tomarse en juiciosa consideración las decla- 
naciones de un fanático (*). 

Tal es mi criterio de la autoridad moral a que 
usted se refiere, y de consiguiente tengo que con- 
cluir por que el juicio de aquellos compiladores es 
eminentemente parcial, aunque así no lo considere 
la mayoría de mis compatriotas. 

Con sentimientos de consideración distinguida 
soy de usted muy atento servidor y amigo, 

B. Tavera Acosta. 



(*). El autor de este libro no se hace solidario de los conceptos 
expuestos en estos párrafos con relación a los ilustres historiadores 
Blanco y Azpurúa. 



72 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

DEL DR. FELIPE TEJERA, 

DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE VENEZUELA. 

Caracas, 20 de febrero de 1913. 

Señor Pinzón Uzcátegui. 

Ciudad. 
Muy estimado señor y amigo : 

En contestación a su atenta carta de fecha 17 del 
presente mes, me cumple decir a usted que concep- 
túo de muy acertado el juicio emitido respecto del 
Diario de Bucaramanga por los respetables historia- 
dores Blanco y Azpurúa. 

Soy de usted atto. s. s. y amigo, 

Felipe Tejera. 



DEL DR. MAXIMILIANO GRILLO, 

DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE COLOMBIA 

La Paz, abril 16 de 1913. 

Señor don Manuel Pinzón Uzcátegui. 

Caracas. 
Mi estimado amigo: 

Con especial complacencia me refiero a la apre- 
ciable de usted en la cual me hace esta pregunta: 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 73 

¿ Cree usted verídico el Diario de Bucaramanga y qué 
opinión se ha formado de él? 

Con toda franqueza debo manifestar a usted que 
la lectura de la obra citada me causó una bien des- 
agradable impresión. Considero que la opinión de 
Blanco y Azpurúa es hasta el presente la más fun- 
dada que se haya emitido acerca del libro atribuido 
al pobre suicida Perú de Lacroix. Por lo visto el 
manuscrito, que en flamante edición ha publicado 
el señor López, pasó por muchas manos antes de te- 
ner los honores de una edición. Yo carezco de do- 
cumentación histórica para poder juzgar de la au- 
tenticidad del Diario de Bucaramanga; pero aun 
considerándolo auténtico, es decir, escrito por de 
Lacroix, quedaría por resolver el punto relativo a la 
veracidad de los juicios que afirma haber oído de los 
labios de Bolívar. 

Para mí tengo que aun los más grandes hombres 
tienen momentos en que dejan trascender la peque- 
nez del barro humano. Me resisto a creer que Bolí- 
var, siquiera se le juzgue en horas de declinación, 
presa de una nerviosidad exaltada, hubiese tenido 
para los mejores de sus compañeros, los que habían 
levantado el pedestal de su gloria, frases tan tre- 
mendas y tan amargas. Es cierto que los héroes y 
los poetas — y a veces como en el caso del Libertador 
se confunden — tienen genio muy irritable y dicen co- 
sas temibles y desoladoras. 



74 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

Los grandes héroes se asemejan al viento, el 
cual ruge y se ilumina entre la tempestad, asciende 
a las más altas cimas, agita las selvas y penetra tam- 
bién a las cavernas oscuras donde están las saban- 
dijas y se arrastran las pasiones. 

Bolívar fué el genio, el genio de una raza ner- 
viosa y delirante. Sus cualidades fueron asombro- 
sas, sus debilidades compañeras de su imaginación 
poderosa, de sus nervios electrizados. La naturaleza 
no es el equilibrio; el genio, macrocosmos humano, 
no es el equilibrio. Los más ponderados espíritus tie- 
nen horas en que se empequeñecen, pero así como el 
artista no se debe complacer en deformar la hermo- 
sura, así los ayudas de cámara como de Lacroix, no 
debieran complacerse en sorprender los secretos y las 
miserias de los hombres geniales. Ese Bolívar que 
reniega del sacrificio de Ricaurte y de Girardot, que 
parece sentir celos del inmaculado Sucre, me re- 
pugna. No es mi Bolívar. ¿Y por qué hemos de 
aceptar las diatribas que el desventurado francés 
puso en los labios del grande hombre? A qué nos 
atenemos: al Diario de Bucaramanga o a los partes 
militares, a las proclamas, a los actos y a la palabra 
pública del Libertador? 

Si el Diario de Bucaramanga contuviese el jui- 
cio de Bolívar sobre sus más eximios compañeros, 
tendríamos que declarar que Bolívar carecía en ab- 
soluto de sinceridad. Y si hubiese sido un farsante 
no habría sido el Libertador. Nunca, nunca, porque 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 75 

sin una gran sinceridad, sin una verdadera honradez 
de espíritu y de corazón sería imposible que hubiese 
un grande hombre, capaz de dominar las demás al- 
mas y los demás corazones. El genio puede mentir, 
pero no podría mentir siempre. 

En los momentos de desesperanza, de amargura, 
hasta los simples mortales renegamos : de la libertad 
si a ella hemos creído servir; del arte, al cual consa- 
gramos nuestro espíritu; de la virtud que con Bruto 
calificamos de vano nombre; de la religión, quizá 
cuando somos más religiosos; de la patria misma. 

Cristo, con ser la perfección del sacrificio, tuvo 
un instante de supremo desaliento en que dudó de 
su Padre y pidióle que retirase de sus labios la copa 
de intensa amargura. Pero todos volvemos a amar 
la libertad esquiva, al arte que nos prolonga en la 
vida, a la virtud que ennoblece, a la religión que nos 
proporciona la comunión con el misterio; a la patria, 
a quien hemos ofendido en un instante de vacilación. 
Así Bolívar ha podido verter la hiél de sus palabras 
sobre el mérito de sus compañeros; pero esa hiél no 
ha debido recogerse para tratar de eternizarla en la 
historia. Si a los grandes hombres se les juzga con 
el criterio del doctor Max Nordau,si se les sigue como 
espías hasta su apartado retrete, pocos resistirían un 
análisis íntimo. Pero su grandeza, acaso consiste en 
haber sido perfectos? Quien se detenga ante el pin- 
cel y no ante la obra de pintura siempre será un ne- 
cio. El Diario de Bucaramanga empequeñece a Bo- 



76 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

lívar; trata de destruir las glorias de los más puros 
nombres, especialmente de los granadinos. Y aun- 
que nosotros los colombianos no tengamos precisa- 
mente puestas nuestras esperanzas patrias en el he- 
roísmo, — y creemos tenerlo colectivo — como en nues- 
tra persistencia de un alma cívica, nos duele pensar 
que el Libertador hubiera sido capaz de remover las 
cenizas de Ricaurte, mientras se ponía la camisa en 
Bucaramanga, para negar la gloria de su sacrificio, 
sacrificio que yo he visto repetir a humildes soldados 
en nuestra postrera y, definitivamente, última gue- 
rra civil, como para comprobarme, cerca de Buca- 
ramanga, lo mezquino de los conceptos que Perú de 
Lacroix atribuye a Bolívar. 

El sacrificio de Ricaurte y el heroísmo de Girar- 
dot no fueron hechos aislados que no hayan de tener 
imitadores. Fueron perdurables muestras de un es- 
píritu de sacrificio y de heroicidad que se halla la- 
tente en el alma de la raza. 

Deseo que la publicación que usted se propone 
obtenga grande éxito. 

Soy de usted atto. y s. s. y amigo, 

Max. Grillo. 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 77 

DEL DR. RAFAEL VILLA VICENCIO, 

DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE VENEZUELA. 

Caracas, 6 de febrero de 1914. 
Señor Pinzón Uzcátegui. 

Presente. 
Muy señor mío y estimado amigo : 

Aviso a usted recibo de su atenta carta, fecha 25 
de enero último. 

Relativamente a las dos preguntas que usted se 
sirve hacerme, diré a usted lo siguiente: 

I o En mi concepto el Diario de Bucaramanga 
no merece ningún crédito; lo que en dicho Diario se 
pone en boca del Libertador fueron invenciones mo- 
tivadas por pasiones del momento. 

2 o El juicio emitido sobre el expresado Diario, 
por Blanco y Azpurúa, lo tengo por fuente de auto- 
ridad moral, y no creo por tanto, que sea apasionado. 

Dejo así contestadas sus preguntas, y me sus- 
cribo de usted afectísimo amigo y muy atento servi- 
dor, 

R. VlLLAVICENCIO. 



78 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

DEL DR. TEÓFILO RODRÍGUEZ, 

DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE VENEZUELA. 

Caracas, 14 de febrero de 1914. 
Señor doctor M. Pinzón Uzcátegui. 

Ciudad. 
Estimado amigo: 

En carta que, con fecha de 27 de enero de este 
año ha tenido usted a bien dirigirme, me manifiesta 
usted el deseo de conocer mi opinión acerca de los 
puntos que en ella me indica; la que juzga usted de 
mucho interés, según me dice, para el trabajo histó- 
rico que tiene usted el proyecto de publicar y cuyo 
tema será Perú de La Croix y el Diario de Bucara- 
manga. 

Al primer punto, debo decirle que desde que 
tuve conocimiento del enunciado Diario de Bucara- 
manga — de esto hace ya algunos años, — formé el con- 
cepto de que con dicho manuscrito se había tratado 
de imitar las conocidas Memorias de Santa Elena, 
para lo cual el que concibió la idea y la llevó a eje- 
cución con este o aquel propósito no se ciñó en su 
trabajo a narrar con exactitud los juicios y opiniones 
que el Libertador, departiendo con los fieles amigos 
y admiradores que lo acompañaban en sus últimos 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 



días, les exponía en el seno de la confianza, decaído 
ya en su físico, pero sereno su espíritu en medio a la 
tormenta que contra el Grande Hombre habían des- 
encadenado los enemigos de su gloria. En esta vir- 
tud estoy de acuerdo en el fondo con el juicio que 
acerca del enunciado Diario formularon los distin- 
guidos y honorables historiadores general José Félix 
Blanco y don Ramón Azpurúa. 

Dejo así contestada su carta y complacido a us- 
ted, de quien me suscribo atento servidor y amigo, 



Teófilo Rodríguez. 



DEL DR. ELOY G. GONZÁLEZ, 

DE LAS ACADEMIAS DE LA HISTORIA DE VENEZUELA 
Y DE COLOMBIA. 

Caracas, 13 de marzo de 1914. 

Señor don Manuel Pinzón Uzcátegui. 

Ciudad. 
Muy apreciado amigo: 

Con mucho gusto contesto las dos preguntas que 
usted se sirve hacerme en su estimada de fecha 9 de 
este mes. 

I a "¿Cree usted verídico el Diario de Bucara- 
manga y qué opinión se ha formado de él?" 



80 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



Circunstancias especiales me fuerzan a la afir- 
mativa del primer miembro de su pregunta : la in- 
fluencia decisiva que ejercían en el ánimo del señor 
Azpurúa la palabra y la opinión del P. Blanco; el 
criterio que éste se había formado de lo que debería 
ser lo que él denominaba verdad histórica, estricta- 
mente reducida a la "extrahumanización" del Liber- 
tador; el celo cuasi cerval con que el señor Azpurúa 
conservó inviolablemente el autógrafo de Lacroix; y 
la debilidad de los argumentos con que intentó de- 
mostrar la falsedad del manuscrito. El señor Azpurúa 
creyó siempre que toda duda que él pudiera oponer a 
la probidad del P. Blanco, constituía una ofensa a la 
memoria de su ilustre colaborador y venerable ami- 
go y adelante leerá usted que yo poseo razones in- 
contestables para afirmar que el señor Azpurúa pa- 
decía error a tal respecto, y que su respeto, o mejor, 
su cariño y su adhesión iban a la personalidad del 
amigo antes que a la integridad del historiador. El 
señor Azpurúa niega la autenticidad del Diario, sola- 
mente porque cree que con él se "profana la memo- 
ria del más notable ciudadano de Hispano-América" 
y porque lo presenta "a la posteridad poco discreto 
al hablar de sus tenientes, compatriotas y amigos", a 
la vez que supone que el Libertador no esperaba que 
se diafanizaran sus confidencias, lo cual no se com- 
padece con lo anterior. Más, halla que era muy fácil 
para Lacroix imitar el estilo del Libertador, lo cual 
exhibe al "francés" infinitamente más inteligente, sin 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA 



excepción, que cuantos españoles y americanos, cono- 
cedores de su idioma, pudieron tener vario interés en 
imitar "la dicción del ilustre muerto"; amén de que 
así establece el señor Azpurúa que el estilo es puro 
artificio y que sólo por gran desidia no hayamos po- 
seído, cuantos desde los siglos escribimos, el de tanto 

dechado que, de Homero acá, es maravilla Tan 

indiscreto resulta el Libertador en el Diario, como 
en gran porción de su correspondencia, publicada 
sin reparos, y como resultan en la suya todos los Pro- 
ceres, por la muy elemental razón de ser antes hu- 
manos que divinos. 

El manuscrito original se halla a esta hora en 
poder del Gobierno de Venezuela; el que posee la 
Academia de la Historia es una copia fiel de aquél y 
tiene, sin duda, ese códice un altísimo valor como 
instrumento de análisis de la personalidad del Li- 
bertador. Podrá usted leer una ampliación de estas 
opiniones en El Cojo Ilustrado, en donde las publi- 
qué después que fué elaborado el programa para 
nuestras fiestas centenarias. 

2 a Cuanto a la segunda pregunta de usted, ahora 
sí puedo descontarle mucho a la autoridad de los 
Documentos, porque personalmente he comprobado 
que algunas veces por descuido y en algunas otras 
por intención, hay allí graves faltas contra la verdad 
histórica. Dos citas al pasar : en el tomo V, pág. 127, 
aparece Antoñanzas trasmitiendo el parte de la ba- 
talla de Úrica, siendo así que aquel jefe había muerto 



82 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



un año antes de la acción; y en el tomo VI, pág. 99, 
toda la relación del capitán Conde está adulterada 
con respecto a su original, que he tenido en mi poder 
para compulsarla, por comisión de la Academia de 
la Historia. 

Dejo así contestada su apreciable y me repito 
su afectísimo amigo, 



Eloy G. González. 



DEL DR. EMILIO CONSTANTINO GUERRERO, 

DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE VENEZUELA. 

Caracas: junio I o de 1914. 

Señor Pinzón Uzcátegui, etc., etc. 

Presente. 
Muy apreciado amigo: 

Está en mi poder su atenta carta, a la cual me 
place referirme. 

Opino que, para juzgar con acierto el Diario de 
Bucaramanga, necesario es estudiar, conforme a las 
reglas de una buena lógica, el hecho que dio motivo 
a él, las circunstancias en que fué escrito y el con- 
cepto en que lo tuvieron los coetáneos del autor. 

En primer lugar, consta por la Historia, que el 
general Perú de La Croix estuvo en Bucaramanga 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 83 

acompañando al Libertador, durante el tiempo de la 
Convención de Ocaña; y como ésta se convirtió en 
un palenque de odios y de animadversiones, en que 
los enemigos del Padre de la Patria tuvieron la ma- 
yoría, naturalmente hay motivos para pensar que 
aquel gran hombre, herido en lo íntimo de sus senti- 
mientos, se desahogase a veces contra muchos de sus 
subalternos en expresiones tremendas que Perú de 
La Croix pudo recoger. Por ello, en el Diario de Bu- 
caramanga ha de haber algún fondo de verdad, aun 
en aquellos conceptos más duros contra hombres y 
sucesos que contiene, pero desgraciadamente difícil 
de discernir para la crítica sensata. 

En segundo lugar, no está probado que Perú de 
La Croix, antes de 1835, hablase a alguien de su Dia- 
rio; y sí, que después del movimiento revolucionario 
de 8 de julio de aquel año, empezó a mostrar a sus 
amigos de Caracas, los cuadernos que iba escribien- 
do, y en que decía narrar confidencias importantes 
del Libertador. 

Era aquélla una época de lucha. La Croix, de 
pasiones violentas, de temperamento inquieto, es- 
taba lleno de rencores contra muchos hombres pú- 
blicos, sobre todo, colombianos. Nada, pues, más na- 
tural en hombre de tales condiciones, que, al resol- 
verse a escribir aquel Diario, pusiese en boca de Bo- 
lívar, como en los labios más autorizados que tenía 
la América, juicios y apreciaciones terribles contra 
los hombres públicos de quienes ansiaba vengarse. 



84 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



El estilo del Libertador era fácil de imitar, puesto 
que, durante muchos años, en Colombia no se escri- 
bía sino en los moldes en que aquél vaciaba sus 
ideas; y en cuanto al modo prof ético que tanto ad- 
miran algunos en las apreciaciones del Libertador 
contenidas en el Diario, él está revelando más bien 
lo acomodaticio de la labor, realizada con posteriori- 
dad a los sucesos. 

En tercer lugar, los coetáneos de La Croix no tu- 
vieron por auténtico el Diario, y ya se sabe que en 
esta materia, son los hombres de aquella época los 
que pudieron apreciar más rectamente el valor de 
dicha obra. 

El general Mejía, en sus Comentarios, duda que 
el escrito de La Croix sea verídico; el general José 
Félix Blanco no lo colocó siquiera en su Compilación 
de Documentos para la Historia de la Vida Pública 
del Libertador; y Azpurúa, el continuador de dicha 
obra, no sólo no lo colocó en ella, sino que, desde 
1864, lo consideró "como un documento destituido 
de todo título de veracidad." Hombres como estos 
últimos, de proverbial rectitud, de claro criterio, de- 
dicados, como pocos, a estudiar los documentos re- 
lativos a la Historia de nuestra Independencia, son 
dignos de todo crédito, para lo presente y para la 
posteridad. 

Creo, pues, que en el Diario de Bucaramanga 
debe de haber algún fondo de verdad, obscurecido, sí, 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 85 

por la obra de las pasiones y los odios banderizos de 
la época en que se escribió. 

Soy su afectísimo amigo y seguro servidor, 
Emilio Constantino Guerrero. 



DEL DR. LAUREANO VALLENILLA LANZ, 

DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE VENEZUELA. 

Caracas, 4 de junio de 1914. 

Señor doctor Pinzón Uzcátegui. 

Presente. 
Mi distinguido amigo: 

Contesto su apreciable carta en que me pide us- 
ted mi opinión respecto del Diario de Bucaramanga. 

La obra de La Croix, como documento histórico, 
adolece de los defectos que la crítica atribuye hoy a 
toda especie de Memorias, respecto de cuya exactitud 
hay que prevenirse, procediendo a un minucioso tra- 
bajo de depuración, para dejarlas en su verdadero 
valor. En el caso presente hay que advertir, además, 
que el hecho de trasladar al papel, con toda exacti- 
tud una conversación, aun inmediatamente después 
de haber pasado, es mucho más difícil de lo que se 



86 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

cree. Para no incurrir en errores sería necesario que 
el cerebro humano fuese a la manera de un cilindro 
fonográfico. No obstante, en el libro de La Croix, 
palpita el gran espíritu del Libertador, y hay frases 
y conceptos que parecen escritos por él mismo. En 
cuanto a las apreciaciones respecto de hechos y per- 
sonajes que algunos encuentran exageradas, sería 
fácil comprobar su autenticidad con toda la corres- 
pondencia del Grande Hombre y más aún con la que 
dictó en los días difíciles y angustiosos de la Con- 
vención de Ocaña, cuando sus pretensos rivales se 
quitaron definitivamente la careta. En las cartas de 
aquellos días se hallan conceptos y opiniones mucho 
más amargos y violentos que los apuntados por La 
Croix. Cualquiera puede comprobarlo, en honor de 
la veracidad de ese libro. 

En cuanto al juicio de Blanco y Azpurúa sobre 
el Diario, a que se contrae la segunda pregunta de 
su carta, le diré: que el señor don Ramón Azpurúa 
que es el autor del juicio, procedió siempre inspirado 
por el precepto romántico de que en historia hay co- 
sas que no deben decirse, y algunas veces, que no 
conviene decir — lo cual es más práctico; — y como 
tantos otros escritores de su época, se dio a la tarea, 
muy piadosa pero muy anticientífica, de convertir en 
dioses y semidioses a los actores de nuestra magna 
lucha. Yo he podido verlo claramente al comparar 
con los originales los documentos publicados en la 
Colección que todos conocemos. El pudor histórico 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 87 

del señor Azpurúa llegó al extremo de que en un pa- 
quetico cuidadosamente atado, que encontramos en 
su Archivo las personas encargadas de recibirlo y 
clasificarlo, decía así: "Apuntes que comprueban 
que el señor Antonio Leocadio Guzmán no fué nunca 
Coronel, ni Secretario del Libertador, ni merece el 
título de Ilustre Procer. Estas notas no deben pu- 
blicarse nunca, antes deben ser quemadas." Es el 
colmo de la pudicia respecto de una impudicia tan 
notoria. Como las cosas, afortunadamente para la 
Historia marchan hoy por otros rumbos, es fácil de- 
ducir el valor que en el presente puede tener el jui- 
cio del señor Azpurúa. 

Aprovecho esta oportunidad para repetirme su 
amigo y sincero apreciador, 

Laureano Vallenilla Lanz. 



Nota. — Hemos incluido solamente en este libro, los juicios de 
reputados historiógrafos y sus contestaciones han sido insertadas por 
orden cronológico. Dejamos para un trabajo histórico en preparación, 
muchas otras contestaciones a nuestra carta circular, de conocidos 
eruditos y literatos. — P. U. 



DOS HÉROES 



RICAURTE Y GIRARDOT 



En vista de los precedentes y variados 
juicios, todo lector de este libro concluirá por 
definir, que la discusión sobre el Diario de Bu- 
caramanga está aún en pie, y de una manera 
más interesante y firme hoy que en alguna 
otra época. 

Indudablemente, si el códice de Perú de 
La Croix reviste interés excepcional y valor 
histórico de gran trascendencia, asimismo 
adolece de intensos defectos, debido a las pa- 
siones políticas de aquella época, las cuales 
jugaron un gran papel en el ánimo de su cele- 



CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



bre y desdichado autor, general Luis Perú de 
La Croix. 

El manuscrito auténtico, de puño y letra 
de La Croix, acaba de aparecer recientemente, 
entre los libros y papeles del finado don Ra- 
món Azpurúa, y actualmente el códice perte- 
nece al Gobierno de Venezuela, quien nos per- 
mitió bondadosamente copiar los trece pá- 
rrafos más interesantes del Diario de Bucara- 
manga, y que hoy salen por primera vez a luz 
pública tal como los escribió Perú de La 
Croix, es decir, con la peculiar originalidad de 
su estilo, de los galicismos, errores gramatica- 
les, ortográficos, etc. 

Tenemos que consignar aquí, ante todo, 
y de una manera solemne, como un gran de- 
ber y por el cariño intenso a la memoria del 
Libertador, que no debe tenerse por cierto, 
por verdadero, lo que Perú de La Croix pone 
en boca de Bolívar el día 5 de junio de 1828, a 
propósito de Ricaurte y Girardot, conceptos 
inicuos e increíbles que se hallan en contra- 
dicción con la verdad histórica y que vamos a 
destruir con aseveraciones de personajes ho- 
norables y testimonios valiosísimos, como lo 
veremos más adelante. 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 93 

Dice Lacroix, movido por la odiosidad 
hacia los granadinos, lo siguiente: "Hoy dia 
'del Corpus, el Libertador no quiso ir á misa 
'pa. evitar de ir á la procesión; pero nos llevo 
'á todos pa. visitar los altares construidos en 
'las calles, y aquella santa visita nos sirvió de 
'paseo, después fuimos donde el Dr. Valen- 
'zuela á ver pasar la procesión. Pasada la pro- 
'cesion, que vimos por detras de una cortina 
'que tapaba la puerta del cura, volvimos don- 
'de el Libertador que se puso en su hamaca y 
'hablo: "Yá desde el año de 13„ que meditaba 
'la unión de la Nueva Granada con Venezuela, 
'mi politica tendia en hacerme bien valer y 
querer de los Granadinos, y después del año 
de 19„ segui el mismo plan pa. la conserva- 
ción de la unión que habia logrado. Véase mi 
'Decreto de 30 de setiembre del año de 13, dado 
5 en Valencia, pa. honrar la memoria del Coro- 
'nel granadino Atanasio Girardot: fue un bra- 
! vo seguramente; murió como un valiente en 
'el campo del honor, en Bárbula y como habia 
'combatido en Palace, pero esto es el deber 
'de todo militar, y sin un motivo politico tal 
'como el que me movia no hubiera dado el 



94 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"decreto mencionado. Ricaurte, otro militar 
"granadino, figura en la historia como un 
"mártir voluntario de la libertad; como un 
"héroe que sacrifico su vida pa. salvar la de 
"sus compañeros y sembrar el espanto en me- 
"dio de los enemigos; pero su muerte no fue 
"como aparece: no se hizo saltar con un barril 
"de pólvora en la casa de San Mateo, que ha- 
"bia defendido con valor: yo soy el autor del 
"cuento; lo hize pa. entusiasmar mis solda- 
"dos, pa. atemorisar á los enemigos y dar la 
"mas alta idea de los militares granadinos. 
"Ricaurte murió el 25 de Mzo. del año 14„ en 
"la bajada de San Mateo, retirándose con los 
"suyos; murió de un balazo y un lanzazo, y lo 
"encontré en dha. bajada tendido boca a bajo; 
"ya muerto, y las espaldas quemadas pr. el 
"sol." 

En primer término, oigamos la palabra 
autorizada del benemérito general Tomás 
Cipriano de Mosquera, cuando relata en sus 
Memorias sobre Bolívar, tal acontecimiento 
de la manera siguiente : "Bolívar conservaba 
tal respeto por la memoria de este valiente 
oficial, que, con entusiasmo guerrero nos de- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 95 

cía un día: ¿Qué hay de semejante en la his- 
toria a la muerte de Ricaurte? Este suicidio 
para salvar la patria, el ejército y a mí, sin 
más esperanza que el amor a la independen- 
cia y a la libertad, es digno de cantarse por un 
ilustre genio como Alfieri." 

Oigamos ahora la honorable palabra del 
historiador venezolano José Félix Blanco, el 
cual se halló en la tenaz lucha de San Mateo y 
cuenta así los hechos: 

"En ese día tremendo bajó Boves con 
todo su ejército sobre San Mateo; atacó de 
frente todos los puntos de la línea, habiendo 
hecho marchar a la madrugada una fuerte co- 
lumna, que tramontando los cerros de nues- 
tra espalda, saliese, como efectivamente lo 
hizo, sobre la gran casa de la hacienda para 
aprovecharse de nuestro parque; mas ¡oh, 
fuego sagrado de la libertad! el capitán Anto- 
nio Ricaurte, granadino, que mandaba aquel 
punto, viéndose cargado por una espesa nube 
de llaneros, y no teniendo fuerzas suficientes 
para oponérselas, ocurrió al heroico arbitrio 
de prender fuego a los pertrechos, para volar 



96 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

con ellos, con los sitiadores y con la casa, dan- 
do así un trágico fin a su existencia y a las 
operaciones del día; pues instruido Boves del 
estrago de sus tropas por aquella parte, tocó 
retirada y volvió a sus alturas. 

"Ricaurte se distinguía por sus ideas exal- 
tadas y romanescas. Empapado en la histo- 
ria de las antiguas repúblicas, quería que to- 
dos fuésemos griegos o romanos. Según él, 
no se podía ser verdadero republicano sin ac- 
ciones heroicas, sin sacrificios extraordina- 
rios. Todos debíamos ser víctimas inmoladas 
en el altar de la Patria. Estas eran sus ideas 
y sus conversaciones frecuentes. Por estos 
antecedentes, creemos que el incendio del 
parque de San Mateo fué una acción de he- 
roísmo premeditada por Ricaurte para in- 
mortalizar su nombre. La posteridad hon- 
rará justamente su memoria". (.*). 

Cedamos ahora la palabra, al valiente ge- 
neral Serviez, el cual asistió también a la jor- 
nada de San Mateo, y cuyas palabras revisten 



(*). Lo anterior fué copiado de un viejo periódico llamado "La 
Bandera Nacional" que redactaba don Juan Bautista Calcaño. Ta- 
les datos los hallamos entre otros muchos interesantes e históricos y 
de la autorizada pluma del presbítero y general José Félix Blan- 
co.— P. U. 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 97 

todo el sello de la verdad desnuda. Dice así 
aquel compañero de nuestros proceres: "La 
historia debe consignar en sus anales el nom- 
bre de Ricaurte, joven oficial de veintidós 
años apenas, cuyo heroico sacrificio llevó el 
espanto al seno de las tropas realistas. Se le 
había ordenado fortificarse en una casa de 
San Mateo y hostilizar al enemigo con fuego 
incesante. Aquel puesto tenía una grande im- 
portancia por la situación de los ejércitos. Ri- 
caurte lo defendió durante cinco días con tan- 
ta sangre fría como fortuna. Sólo contaba con 
cincuenta hombres y Boves lo asaltó con mil 
doscientos. Las provisiones se agotaron antes 
que el valor del intrépido Ricaurte; el ham- 
bre hacía murmurar a los soldados, quienes 
declararon al fin que no podían ya sostener 
la posición. El joven oficial les ordena en- 
tonces que vayan a reunirse al ejército, y se 
queda solo guardando el puesto. Habiendo 
cesado el fuego, Boves destacó una partida de 
los suyos para que fuera a tomarlo. Pero de 
repente, estalla una terrible explosión, vuela 
la casa, los soldados de Boves son lanzados 
por un volcán, y Ricaurte, que se había ocul- 



98 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

tado en un cuarto del piso bajo, con un barril 
de pólvora, muere sepultado bajo las ruinas 
de su fortaleza." 

No es menos importante el testimonio 
que enuncia el general Tosta García, en su 
carta fecha 4 de noviembre de 1913, y que co- 
piamos a continuación: 

"Aquella imponderable acción de Ricaur- 
te en San Mateo, presenciada y confirmada 
por testigos del lugar, que vivieron hasta hace 
pocos años y cuyo relato, de boca de un octo- 
genario que vivía en Turmero, oyó el que esta 
carta firma, aquella acción heroica consagra- 
da por tantos testimonios escritos, por tantas 
pruebas incontrovertibles y hasta por la per- 
durabilidad del bronce, no puede borrarse 
por la insustancialidad de una referencia ais- 
lada, de origen dudoso y de tendencias malé- 
volas y anárquicas." 

El entonces coronel Antonio Muñoz Té- 
bar, Secretario de Guerra en aquella época y 
quien firma el parte de San Mateo el mismo 
día 25 de marzo, dijo entre otras cosas lo si- 
guiente: "La pérdida del enemigo ha sido in- 
mensa; pues sin contar los dispersos ha tenido 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 99 

más de ochocientos hombres entre muertos y 
heridos. La nuestra no pasa de noventa entre 
muertos y heridos. De los primeros lo han 
sido el Capitán de la Unión Ricaurte, que hizo 
solo frente al enemigo en nuestra ala izquier- 
da; y que rodeado por todas partes no pu- 
diendo salvar los pertrechos, los incendió y 
voló con ellos para que no se apoderaran los 
contrarios." Lo anterior fué consignado en la 
Gaceta de Caracas del año 1814. 

Y por último, juzguemos definitivamente 
tal acontecimiento por el siguiente e intere- 
santísimo diálogo que veremos más adelante. 
En el año de 1883, a propósito del centenario 
del Libertador, vinieron a Caracas en repre- 
sentación de la Prensa de Colombia, los cono- 
cidos escritores Briceño y Urdaneta. En uno 
de los días de las fiestas centenarias, los invitó 
el señor Juan Bautista Pérez y Soto, con el ex- 
clusivo objeto de que conocieran y hablaran 
con la célebre negra Matea, aya del Liberta- 
dor. Matea tenía más de cien años, pero con- 
servaba espléndida memoria y sostuvo un 
largo diálogo con Urdaneta, quien le interro- 
gó entre otras cosas lo siguiente : 



100 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



Urdaneta. — "Usted estuvo en algún com- 
bate? 

Matea. — Estuve en la pelea de San Mateo 
con el niño Ricaurte. 

U. — En dónde estaba usted en San Mateo? 

M. — En el Trapiche; cuando los españo- 
les bajaban el cerro, el niño Ricaurte mandó 
salir la gente y fué a la cocina, le pidió un ti- 
zón de candela a la niña Petrona y nos mandó 
salir por el solar. 

U. — Usted vio qué hizo Ricaurte. 

M. — Subió al mirador onde estaba la pol- 
vorera. 

U. — A dónde se fueron ustedes? 

M. — Cuando corríamos para el pueblo 
onde estaban peleando estalló el trapiche y a 
nosotras nos metieron en la iglesia." 



En cuanto al héroe de Bárbula, quien 
cayó como un bravo en esa cumbre inmuta- 
ble que vivirá tanto como la memoria del que 
la hizo célebre, nada más solemne e intere- 
sante que recordar la autorizada palabra del 
Libertador cuando en esa ocasión dijo: "Te- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 101 

nemos que llorar eternamente la pérdida del 
intrépido coronel Atanasio Girardot. Este jefe 
cuyas virtudes eran bien conocidas, se hizo un 
lugar distinguido en todo el ejército; su valor 
admirable lo cubrió de gloria en los campos 
de Palacé, y renovó esta misma gloria en la 
maravillosa campaña de Venezuela. Al lle- 
gar ayer con sus tropas a la altura que domi- 
naba el enemigo, tremolando el pabellón de 
la libertad, una bala le hizo morir. . ., murió, 
sí, pero para vivir perpetuamente en la me- 
moria de los americanos y en los fastos del 
heroísmo". (*). 

Y al padre de Girardot le dice el propio 
Bolívar en su célebre y memorable carta lo si- 
guiente, que es ya un juicio definitivo de la 
historia: "Las cenizas inmortales de su ilus- 
tre hijo vivirán en el corazón de todos los 
americanos, mientras el honor nacional sea la 
ley de sus sentimientos, y mientras la sólida 
gloria tenga atracción para las almas nobles. 
La carrera de Girardot y su muerte excitarán, 
aun en la posteridad más remota, la emula- 
ción de cuantos aspiren al premio del valor y 

(*). Boletín del Ejército Libertador.— 1813. 



CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



sientan en sus pechos el fuego divino con que 
él buscó la gloria propia y la de su amada pa- 
tria. 

"La causa de la libertad, por la que los 
hombres más grandes de la tierra han comba- 
tido, debe honrarse porque nunca ha sido sos- 
tenida con más honor que en los campos fa- 
mosos donde Girardot la ha hecho triunfar 
de los tiranos . . . 

"Venezuela se ha cubierto de luto espon- 
táneo por la muerte del libertador." 



PÁRRAFOS 



DEL 



'DIARIO DE BUCARAMANGA" 



Trece son los párrafos interesantes del 
Diario de Bucaramanga, y en los cuales se 
ve palpitar el alma desnuda y prepotente del 
Libertador, sin pasiones ni doblez alguna. En 
ellos no hay calumnias ni sombras para sus 
compañeros. Fuera de aquellos trece párrafos, 
todo lo demás del Diario de Bucaramanga, en 
su mayor parte, es un cúmulo de infamias, 
diatribas y contradicciones que el ánimo apa- 
sionado de Perú de La Croix hace que apa- 
rezcan como expresados por los labios del pe- 
rínclito general. 

Nada tiene de raro, que bajo la sombra 
de tan extensos e interesantes párrafos, Perú 



106 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

de La Croix resolviera audazmente entretejer 
su maquiavélico Diario, y hacerlo aparecer 
íntegro como la obra exclusiva del Genio de 
la América. 

Esos trece párrafos sí son dignos de Bo- 
lívar, la Historia los recogerá y la juventud 
de Venezuela y de Colombia los sabrá apre- 
ciar en su justo valor; por tal motivo los in- 
cluimos con placer en este libro. 

Es oportuno consignar aquí los docu- 
mentos oficiales que acreditan de dónde he- 
mos tomado fielmente los notables párrafos 
que hallará el lector más adelante. En tales 
párrafos hemos dejado, muy de propósito, to- 
dos los galicismos que usaba Perú de La Croix, 
quien no conocía bien nuestra lengua: las 
continuas abreviaturas, sus muchas faltas or- 
tográficas, sus errores ortológicos y casi la 
completa y total carencia de acentuación. 
Pero precisamente es esto lo que constituye 
y da al códice verdadero valor histórico y 
una gran originalidad, y estamos plena- 
mente convencidos de que sería indiscreto, 
aun sin faltar a la verdad histórica, susti- 
tuir vocablos como los que siguen: huér- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 107 

fano, por or felino; ridículo, por ridicul; Ha- 
bana, por Havana; concebí, por concevi; fan- 
farronada, por fanfaronada; diplomáticos, 
por diplomatos; caníbales, por cámbalos; 
idólatras, por idolatros; excomuniones, por 
descomulgaciones; voz, por vox; imagina- 
ción, por imajinacion; cerebro, por celebro; 
intervalo, por interual; lecciones, por lecio- 
nes; escultura, por escultados; pareja, por 
bailarina; durmiendo, por dormiendo; éra- 
mos, por erábamos; amarraron, por amara- 
ron; monarca, por monarco; caí, por cái; 
obtendría, por caberla; barbarie, por barba- 
ria; reflexionado, por flexionado; valiente, 
por valiente, etc., etc., o suprimir y alterar 
frases con el pretexto ridículo de mejorar un 
estilo, lo cual da, indiscutiblemente, valiosí- 
simo mérito a los documentos históricos. 

Leamos, pues, los documentos oficiales a 
que nos hemos referido anteriormente : 



108 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

Estados Unidos de Venezuela. — Ministerio de Ins- 
trucción Pública. — Dirección de Instrucción Su- 
perior y de Bellas Artes. — Caracas : 23 de marzo 
de 1914.-104° y 56°.— N° 274. 

Ciudadano Director General de los Museos Nacio- 
nales. 

Presente. 

Sirvase poner los originales del "Diario de Bu- 
caramanga" a disposición del señor Doctor Pinzón 
Uzcátegui, quien ha solicitado permiso de este Mi- 
nisterio para consultar y copiar algunos párrafos 
del referido "Diario". 

Dios y Federación. 

F. Guevara Rojas. 

(Hay un escudo y un sello oficial). 



Estados Unidos de Venezuela. — Dirección General de 
los Museos Nacionales. 

Christian Frederik Witzke, Director General de 
los Museos Nacionales de los Esta dos Unidos de Vene- 
zuela, certifica: que los trece párrafos tomados del 
Diario de Bucaramanga que figuran en la obra titu- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 109 

lada: Crítica Histórica sobre el Diario de Bucara- 
manga por el señor Pinzón Uzcátegui; han sido co- 
piados fiel y exactamente del Manuscrito Original de 
Louis Perú de Lacroix, cuyo códice se conserva en el 
Museo Boliviano bajo el número 1.290. 

Caracas, veintisiete de mayo de mil novecientos 
catorce. 

C. Witzke. 

(Hay un sello oficial). 



Los párrafos a que se refieren los docu- 
mentos que hemos visto, los trae intercalados 
La Croix en la segunda parte del Diario, (*) 
día 2 de mayo de 1828. Dice así el primer pá- 
rrafo : "Quería retirarme pero me dijo S.E. que 
"no tenia sueño todavía, me contó que había si- 
"do muy aficionado al baile pero que aquella 
"pasión se habia totalmente apagado en el : que 
"el valze es lo que siempre habia preferido y 
"que hasta locuras habia hecho en bailar se- 



(*). Asegura el erudito bibliógrafo venezolano Manuel Se- 
gundo Sánchez, en su trascendental y notable obra "Bibliografía Ve- 
nezolanista", que en 1856 o 57, el códice aún completo de Perú de La 
Croix se encontraba en poder del señor Felipe Santiago Casanova, 
persona que se lo facilitó al señor Jacinto Gutiérrez, en esa época Mi- 
nistro, diz que para satisfacer el deseo de leerlo manifestado por el 
Presidente José Tadeo Monagas. Que de las manos de Monagas o de 
las de Gutiérrez pasó el manuscrito al poder del presbítero y general 
José Félix Blanco y de este último lo recibió don Ramón Azpu- 
rúa.— P. U. 



110 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"guidamente horas enteras, cuando tenia una 
"buena bailarina. Que en tiempo de sus cara- 
apañas cuando su Cuartel Jral. se hallaba en 
"una ciudad villa ó pueblo, siempre se bailava 
"casi todas las noches, y que su gusto era ha- 
"cer un valze é ir á dictar algunas ordenes ú 
"oficios; volver á bailar y á trabajar: que sus 
"ideas entonces eran mas claras, mas fuertes 
"y su estilo mas elocuente; en fin que el baile 
"lo inspiraba y excitaba su imajinacion. 

"Hay hombres, me decia, que necesitan 
"ser solo y bien retirado de todo ruido para 
"poder pensar y meditar: yó pensaba, reflexio- 
"naba y meditaba, en medio de la sociedad, 
"de los placeres, del ruido y de las balas: si, 
"continuo, me hallaba solo en medio de mu- 
"cha jente, pr. que me hallaba con mis ideas y 
"sin distracción. Esto es lo mismo como dic- 
"tar varias cartas á un mismo tiempo, y tam- 
"bien hé tenido aquella orijinalidad." 

El día 6 de mayo aparece el segundo pá- 
rrafo. Es en el campo, después de una cace- 
ría y a la sombra de unos grandes árboles. Ha- 
blase de los acontecimientos de Jamaica y del 
Rincón de los Toros, y el Libertador refiere a 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 111 

La Croix y demás amigos lo siguiente: "Algu- 
"nos dias antes de mi salida de Kingston en 
"Jamaica, pa. la isla de Haity, en el año de 
"1816, supe que la dueña de la posada en que 
"estaba alojado con el actual jeneral Pedro 
"Briceño Méndez, y mis edecanes Rafael An- 
"tonio Paez y Ramón Chipia, habia mal tra- 
"tado y aun insultado á este ultimo, faltando 
"asi á la consideración debida, lo que me hizo 
"no solo reconvenirla fuertemente, sino que 
"me determine á mudar de alojamiento. Efec- 
tivamente sali con mi negro Andrés con el 
"objeto de buscar otra casa, sin haber partici- 
pado á nadie mi proyecto: halle la que bus- 
"caba y me resolvi á dormir en ella aquella 
"misma noche, encargando á mi negro de lle- 
"varme alli una hamaca limpia, mis pistolas 
"y mi espada; el negro cumplió mis ordenes 
"sin hablar con ninguno aunqe. no se lo hu- 
"biera encargado, sino pr. que era muy reser- 
"vado y muy callado. Asegurado mi nuevo 
"alojamiento, tome un coche y fui á comer en 
"una casa de Campo de un negociante que me 
"habia convidado. Eran las doce de la noche 
"cuando me retire y fui directamente pa. mi 



112 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"nueva posada — El Sor. Amestoy antiguo pro- 
"veedor de mi ejercito debia salir de Kings- 
ton pa. los Cayos, al dia siguiente, pa. una 
"comicion de que lo habia encargado, y vino 
"aquella misma noche á mi antigua posada 
"pa. verme y recibir mis ultimas instruccio- 
nes; no hallándome, aguardo pensando que 
"llegaría de un momento á otro. Mi Edecán 
"Paez, se retiro un poco tarde pa. acostarse, 
"pero quiso antes beber agua y hallo la tinaja 
"vacia, entonces reconvino á mi negro Puto, 
"y este tomo dha. tinaja pa. ir á llenarla; mien- 
"tras tanto el sueño se apoderaba de Amestoy, 
"qe. como hé dicho me aguardaba, y vencido 
"pr. el se acostó en mi hamaca, que estaba 
"tendido, pues el que mi negro Andrés habia 
"llevado en mi nuevo alojamiento era una ha- 
"maca que habia sacado de mis baúles. El 
"negrito Pió, ó Puto, ques como yo lo llama- 
"ba, regreso con el agua; vio mi hamaca ocu- 
"pado, creyó que el que estaba a dentro fuese 
"yo; se acerco y dio dos puñaladas ál infeliz 
"Amestoy que quedo muerto: al recibir la pri- 
"mera echo un grito moribundo que disperto 
"al negro Andrés, el que al mismo momento 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 113 

"salió pa. la calle y corrió pa. mi nuevo aloja- 
"miento que solo el conocia: me estaba refi- 
riendo lo ocurrido cuando entro Pió, que ha- 
"bia seguido á Andrés. La turbación de Pió 
"me hizo entrar en sospecha; le hize dos o tres 
"preguntas y quede convencido que el era el 
"asesino, sin saber todavía quien era su victi- 
"ma. Tome al momento una de mis pistolas 
"y dije entonces á Andrés de amarar á Pió. 
"Al dia siguiente confeso su crimen y declaro 
"haber sido seducido pr. un Español pa. qui- 
narme la vida. Aquel negrito tenia 19„ años; 
"desde la edad de 10„ á 11„ años estaba con- 
"migo, y yo tenia toda confianza en el: su de- 
bito le valió la muerte que recibió sobre un 
"Cadalzo. El Español designado por haberlo 
"seducido fue expelido de Jamaica y nada 
"mas, pr. que no se le pudo probar que el fue- 
"ra el seductor. Hay datos pa. creer que dho. 
"individuo habia sido enviado pr. el Jral Lato- 
"rre que mandaba entonces en Venezuela. Mi- 
"ran VVds.", continuo el Libertador, "que ca- 
sualidad fue la que me salvo la vida y la hizo 
"perder al pobre Amestoy; ¿que decir, que 
"concluir de esto? que fue un acaso feliz por 



114 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"el uno y desgraciado pa. el otro. Ahora oi- 
"gan este otro acontecimiento que también 
"quiere conocer el Coronel Lacroix. — En la 
"campaña del año de 18„ que asi como la del 
"año 14„ fue una mésela seguida de muchas 
"victorias y reveses, pero que no tuvo los re- 
bultados funestos de aquella, sino conse- 
cuencias favorables é importantes pa. mi 
"ejercito y el pais, marche un dia de San José 
"del Tisnao, con poco más ó menos de 600,, 
"infantes y 800,, hombres de caballería con el 
"objeto de ir a unirme con las tropas que man- 
"daba el Jral Paez: habia dado om. pa. que mi 
"división se acampare en una sabana del Rin- 
"con de los Toros, donde llego como á las cinco 
"de la tarde: yó llegue al anochecer y fui de- 
"recho á situarme con mis Edecanes, y mi se- 
cretario el actual Jral Briceño Méndez, en 
"una mata (*) que conocia yá, y en donde co- 
locaron mi hamaca. Después de haber co- 
"mido algo me acosté á dormir. El actual 
"Jral. Diego Ybarra mi primer Edecán, habia 
"sido encargado pr. mi de situar la infanteria 



(*). En los llanos de Colombia y Venezuela suelen llamar mata 
un pequeño bosque en medio de las sabanas. — P. U. 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 115 

"al punto que le habia indicado, y después, 
"habia ido sin que lo supiera yó, en un baile 
"que habia no se en qe. lugar, pa. regresar des- 
"pues de media noche á mi cuartel Jral. Ape- 
"nas habia dos horas que estaba dormiendo 
"cuando llego un llanero pa. avisarme que los 
"Españoles habian llegado á su casa, distante 
"dos leguas de mi campo, que eran muy nu- 
"merosos y los habia dejado descanzandose. 
"Según las contestaciones que me hizo y las 
"explicaciones que le exiji, juzgue que no era 
"el ejercito del Jral. Morillo, pero si una fuer- 
"te división mucho mas numerosa que la mia. 
"El temor de que me sorprendiesen de noche, 
"me hizo dar orns. al momento pa. que se car- 
dasen las municiones y todo el parque, y se 
"levantare el campo con el objeto de ir ocu- 
"par otra sabana, y engañar asi á los enemi- 
"gos, qe. seguramente vendrían á buscarnos 
"en la qe. estábamos: dos de mis Edecanes 
"fueron á comunicar aquellas ordenes y á ac- 
"tivar el movimiento, deviendo avisarme 
"cuando empezare: Volvi á acostarme en mi 
"hamaca, y en aquel mismo momento llego 
"mi primer edecán el que pa. no dispertarme 



116 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"se acerco pasito y se acostó cerca de mi en el 
"suelo sobre una cobija; yo le oi, lo llame y le 
"di orn. de ir donde el jefe de E. M. pa. que 
"apresurare el movimiento. El Jral Ybarra 
"fue á pie á cumplir aquella disposición, mas 
"apenas hubo andado un par de cuadras en la 
"dirección del lugar donde estaba el Estado 
"Mayor, oyó al Jral Santander, jefe entonces 
"de dho. E. M., y habiéndose acercado de el le 
"comunico mi orden, y entonces Santander le 
"pregunto en vox alta, donde me hallaba yó; 
"Ybarra se lo enseño y Santander picando su 
"muía vino á darme parte que todo estaba 
"listo y que las tropas iban empezar el mo- 
"vimto.: Ybarra regreso en aquel momento: 
"yo estaba sentado en mi hamaca poniendo 
"mis botas; Santander seguia hablando con 
"migo; Ybarra se acostaba cuando una fuerte 
"dezcarga nos sorprende y las balas nos ad- 
vierten que habia sido dirijida sobre no- 
sotros: la obscuridad nos impidió de distin- 
guir nada. El Jral Santander grito almis- 
"mo momento: "El Enemigo". Los pocos 
"que erábamos nos pusimos á correr hacia el 
"campo, abandonando nuestros caballos y 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 117 

'cuanto habia en la mata. Mi hamaca como 
'lo supe después recibió dos o tres balas; yo, 
'como he dicho, estaba sentado en el pero 
'no recibi herida ninguna, ni tampoco San- 
'tander, Ybarra y el Jral Briceño que esta- 
'ban con migo: la obscuridad nos salvo. La 
'partida que nos saludo con sus fuegos era 
'Española: se há dicho que los enemigos al 
'entrar en la sabana encontraron alli un asis- 
'tente del padre Prado Capellán del ejercito, 
'qe. estaba cuidando unos caballos; que lo co- 
'yeron lo amararon y le obligaron á conducir- 
los sobre la mata donde me hallaba y que es- 
'tando yá muy cerca de ella vieron al Jral 
'Santander sin saber quien era, y siguieron sus 
'pisadas, y después las del Jral. Ybarra." (*). 
Concluida esta relación, volvió el Liberta- 
dor a Bucaramanga con sus compañeros, y 
ya en su casa, les contó la siguiente aventura: 
"Me acuerdo, dijo, una especie singular, pro- 
"pia de un loco aunqe. no pienso serlo, y es 
"esta: un dia bañándome en el Orinoco, con 
"todos los de mi E. M., con varios jenerales de 
"mi ejercito y el actual Coronel Martel, que 

(*). Léase la nota No 2. 



118 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



'estaba entonces escriviente en mi Secretaria 
'Jeneral, este ultimo hacia alarde de nadar 
'mas que los otros: yo le dije algo que lo pico 
'y entonces me contesto que también nadaba 
'mejor que yó. — A cuadra y media de la pla- 
'ya donde nos hallábamos habia dos cañone- 
'ros fondeadas, y yo picado también dije á 
'Martel que con las manos amaradas, llegada 
'primero que el á bordo de dhos. buques: na- 
'die quería que se hiciese tal prueba, pero 
'animado yo habia yá vuelto á quitar mi ca- 
'misa y con los tiros de mis calzones que di al 
'Jral. Ybarra, le obligue en amarrarme las 
'manos pr. detras; me tire al agua y llegue á 
'las cañoneros con bastante trabajo. Martel 
'me siguió y pr. supuesto llego el primero. El 
'jral. Ybarra temiendo que me ahogase habia 
'hecho poner en el rio dos buenos nadadores 
'pa. ausiliarme, pero no hubo caso para esto. 
'Este rasgo prueba la tenacidad que tenia en- 
'tonces, aquella voluntad fuerte que nada po- 
'dia detener: siempre adelante, nunca á tras; 
'tal era mi máxima y quizas á ella es que debo 
'mis sucesos y lo que he hecho de extraordi- 
nario." 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 119 

El día 8 de Mayo aparece el tercer pá- 
rrafo. Durante la comida el Libertador con- 
tó algunas anécdotas de su vida antes del año 
de 1810, y habló de un viaje a Italia durante 
el cual asistió un día a una revista militar pa- 
sada por Napoleón al ejército, en la llanura 
de Montechiaro (*). "Yo" dijo S. E., "ponia 
'toda mi atención sobre Napoleón, y solo á 
'el veia entre toda aquella multitud de hom- 
'bres que habia alli reunido; mi curiosidad 
'no podia saciarse y aseguro que entonces 
'estaba muy lejos de preveer que un dia seria 
'yó también el objeto de la atención ó si se 
'quiere de la curiosidad de casi todo un conti- 
'nente, y puede decirse también del Mundo 
'entero. Que Estado mayor tan numeroso y 
'tan brillante tenia Napoleón, y que sencillez 
'en su vestido : todos los suyos eran cubiertos 
'de oro y de ricos bordados, y el, solo llevava 
'sus charreteras : un sombrero sin galón y una 
'casaca sin ornamento ninguno; esto me gus- 
'to y aseguro, que en estos países hubiera 
'adoptado pa. mi aquel uso si no hubiera 



(*). Léase la nota No 3. 



120 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



"creído que dijesen que lo hacia pa. imitar á 
"Napoleón, y después habrian dicho que mi 
"intención era de imitarlo en todo." 

Después de comparar el Libertador a al- 
gunos de sus tenientes con los de Napoleón, 
continuó: "pero que diferencia", exclamo 
el Libertador, "en el grado de la escala so- 
'cial en qe. se han hallado los unos y los 
'otros de aquellos hombres; que diferencia 
'entre el rango, la opulencia y la elevación 
'entre ellos: los unos llenos de riquezas, de 
'titulos y de honores; los otros pobres, con el 
'único titulo militar, y los honores modestos 
'de una República; pero también los prime- 
'ros subditos de un monarco poderoso; los 
'segundos ciudadanos de un Estado Libre; 
'aquellos favoritos del Ymperador, estos ami- 
'gos del Libertador. Los sibaritas del siglo 
'preferirían seguramte. el lugar de los prime- 
'ros, pero los Licurgos y Catones modernos 
'preferirían haber sido los segundos." 

Viene luego el cuarto párrafo, en el cual 
figuran los acontecimientos que narra La 
Croix el día 10 de Mayo, y en que junto con 
Wilson acompañaba al Libertador a dar un 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 121 

paseo a pie después de la comida. El Liberta- 
dor pregunta a La Croix cuántas veces se ha 
casado y a propósito de este tema Bolívar dice: 
'Yo, no tenia 18„ años cuando lo hize en Ma- 
'drid, y enviudé en 1801 no teniendo todavia 
'19 años; quise mucho á mi mujer, y su muer- 
'te me hizo jurar de no volver á casarme; he 
'cumplido mi palabra. Miran VVds. lo qe. 
'son las cosas; si no hubiera enviudado; qui- 
'za mi vida hubiera sido otra : no seria el Jral 
'Bolivar, ni el Libertador, aunque convengo 
'que mi jenio no era pa. ser alcalde de San 
'Mateo (1). No digo esto, prosiguió S. E. pr. 
'que yo no hé sido el único autor de la revo- 
lución, y que durante la crisis revoluciona- 
'ria, y la larga contienda entre las tropas Es- 
'pañolas y las patriotas, se hubiera aparecido 
'algún caudillo si yo no me hubiera presenta- 
'do y que el atmosfera de mi fortuna no hu- 
'biese como impedido el acrecentamiento de 
'otros, manteniéndoles siempre en una esfe- 
'ra inferior á la mia. Dejemos á los superti- 
'ciosos creer que la providencia es la que me 



"(D- Pueblo en el que tiene una hacienda el Libertador en los 
"valles de Aragua". 



132 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



"ha enviado ó destinado pa. redimir á Colom- 
"bia y que me tenia reservado para esto: las 
"circunstancias, mi jenio, mi carácter, mis pa- 
ciones son los que me pusieron en el cami- 
"no; mi ambición, mi constancia y la fogoci- 
"dad de mi imajinacion me lo han hecho se- 
"guir y me han mantenido en el. Oigan esto: 
"orfelino á la edad de 16„ años, y rico, me fue 
"á Europa, después de haber visto á Méjico y 
"la ciudad de la Havana: fue entonces que 
"en Madrid, bien enamorado, me case con la 
"sobrina del viejo Marques del Toro, Teresa 
"Toro y Alaiza: volvi de Europa pa. Caracas, 
"en el año de 1801,, con mi esposa, y les ase- 
"guro que entonces mi cabeza solo estaba lle- 
"na con los vapores del mas violento amor, y 
"no con ideas políticas, pr. que estas no habian 
"todavia tocado mi imajinacion: muerta mi 
"mujer y desolado yó con aquella perdida pre- 
"cos é inesperada, volvi pa. España, y de Ma- 
"drid pase a Francia y después á Ytalia: yá 
"entonces iba tomando algún interés en los 
"negocios públicos, la politica me interesaba, 
"me ocupaba y seguia sus variados movimien- 
"tos. Vi en Paris, en el ultimo mes del año de 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 123 

"1804,, el coronamto. de Napoleón: aquel acto 
"ó función magnifico me entusiasmo, pero me- 
"nos su pompa que los sentimientos de amor 
"que un inmenso pueblo manifestaba al héroe 
"Francés; aquella efusión jral. de todos los 
"corasones, aquel libre y espontaneo movi- 
"miento popular exitado pr. las glorias, las he- 
roicas hazañas de Napoleón, victoreado, en 
"aquel momento pr. mas de un millón de in- 
dividuos me pareció ser pa. el qe. obtenia 
"aquellos sentimientos, el ultimo grado de as- 
piración, el ultimo deseo como la ultima am- 
bición del hombre. La corona que se puso 
"Napoleón sobre la cabeza, la mire como una 
"cosa miserable y de moda gótica: lo que me 
"pareció grande era la aclamación universal 
"y el interés que inspiraba su persona. Esto, 
"lo confieso, me hizo pensar á la esclavitud de 
"mi pais y á la gloria que caberia al que lo li- 
bertare; pero ¡cuan lejos me hallaba en ima- 
ginar que tal fortuna me aguardaba! Mas 
"tarde, si, empeze á lisonjearme que un dia 
"podría yo cooperar á su libertad, pero nó que 
"haría el primer papel en aquel grande acon- 
"tecimto. 



124 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"Sin la muerte de mi mujer nó hubiera 
"hecho mi segundo viaje á Europa, y es de 
"creer que en Caracas ó San Mateo nó me ha- 
"brian nacido las ideas que me vinieron en 
"mis viajes, y en America no hubiera tomado 
"aquella experiencia ni hecho aquel estudio 
"del Mundo, de los hombres y de las cosas que 
"tanto me há servido en todo el curso de mi 
"carrera política. La muerte de mi mujer, 
"me puso muy temprano sobre el camino de 
"la política; me hizo seguir después el carro 
"de Marte en lugar de seguir el arado de Cé- 
"rés: Vean pues VVds. si ha influido ó no so- 
"bre mi suerte." 

Viene luego el quinto párrafo que apare- 
ce el día 16 de Mayo. Según La Croix, el Liber- 
tador solía tener algunas sesiones de ropilla 
con sus amigos en Bucaramanga, y cuando 
perdía en ese divertido juego de naipes, se con- 
trariaba de tal manera, hasta el punto, en oca- 
siones, de tirar de la mesa del juego el dinero y 
las barajas. La noche del 16 de Mayo dijo el Li- 
bertador a sus amigos: "Ven VVds. lo qe. es el 
"juego: hé perdido batallas,hé perdido mucho 
"dinero, me han traicionado, me han enga- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 125 

"nado abusando de mi confianza, y nada de 
"todo esto me ha conmovido como lo hace la 
"perdida de una mesa de ropilla: es cosa sin- 
gular que una acción tan frivola pa. mi co- 
"mo lo es el juego, pr. la cual no tengo pasión 
"ninguna, me irrite, me ponga indiscreto y en 
"desorden cuando la suerte me es contrario. 
"¡Que desgraciados deben ser los que tienen 
"el vicio ó el furor del juego! Sin embargo, 
"mañana empesaremos de nuevo, y si pierdo 
"les prometo que estare mas paciente que es- 
"ta noche, y que tomare toda la calma del 
"jral Soublett pa. desafiar la mala suerte." 

Leamos el sexto párrafo. Es el día 17 de 
Ma^o y el Libertador después de la comida se 
recostó en su hamaca, desde donde sostuvo 
con La Croix una conversación sobre temas fi- 
losóficos, tan interesante como lo que contie- 
ne el párrafo número 12 que veremos más 
adelante, y en el cual expresa el Libertador 
sus ideas admirables en materias religiosas. 

Dijo el Libertador: "Yo no me gusta en- 
"trar en aquella metafísica que descanza so- 
"bre unas bases f alzas : me basta saber y estar 
"convencido que el alma tiene la facultad de 



126 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"sentir es decir de recibir las impresiones de 
"nuestros sentidos, pero que no tiene la fa- 
cultad de pensar, pr. que no admito ideas ina- 
"tas. El hombre, digo, tiene un Cuerpo ma- 
terial y una intelijencia representada pr. 
"el celebro igualmte. material, y según el es- 
"tado actual de la siencia, no se considera la 
"Ynteligencia sino como una secreción del ce- 
"lebro: llámese pues este producto, alma, in- 
"telijencia, espiritu, poco importa, ni hay que 
"disputar sobre esto; para mi la vida no es 
"otra cosa sino el resultado de la unión de 
"dos principios, á saber de la contractilidad, 
"que es una facultad del Cuerpo material; y 
"de la sensibilidad, que es una facultad del ce- 
"lebro ó de la Yntelijencia: cesa la vida cuan- 
"do cesa aquella unión: el celebro muere con 
"el cuerpo, y muerto el celebro no hay mas 
"secreción de intelijencia: saca pues de alli 
"cuales deben ser mis opiniones en materia 
"de Eliseo y de Fanaro ó Tártaro; y mis ideas 
"sobre todas las ficciones sagradas, qe. ocu- 
"pan todavia tanto á los mortales. — El tiem- 
"po, mi amigo, la ilustración, las despreocu- 
paciones que vienen con ella, y una cierta 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 127 

"disposición en la intelijencia iran poco á 
"poco iniciando á mis paisanos en las cosas 
"naturales quitándoles aquellas ideas y gusto 
"pa. las sobre naturales." 

Veamos el séptimo párrafo. Es el día 19 
de Mayo de 1828, y el Libertador de un humor 
alegre en la comida, cuenta a sus amigos có- 
mo ganó una acción reñida en Ibarra: "Mi 
"primer proyecto no fue el atacar de frente 
"al enemigo en la fuerte posición que ocupa- 
"ba; pero, habiéndome puesto á almorzar con 
"las pocas y malas provisiones que tenia en- 
tonces, y con la ultima botella de vino de ma- 
"dera que quedaba en mis cantinas, y que mi 
"Mayordomo puso en la mesa sin mi orden, 
"mude de resolución. El vino era bueno y es- 
pirituoso; su fuerza asi como las varias co- 
"pitas que bevi, me alegraron y me entusias- 
maron á tal punto, que al momento concevi 
"el proyecto de batir y desalojar al enemigo: 
"lo que antes me habia parecido casi imposi- 
ble y muy peligroso, se me presentaba de 
"nuevo fácil y sin peligro. Empezó el com- 
"bate; diriji yo mismo los varios movimien- 
"tos y se gano la acción. Antes de almorzar, es- 



128 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



"taba de muy mal humor; pero la divina bo- 
"tella de madera me alegro y me hizo ganar 
"una victoria; pero confieso que es la primera 
"vez que tal cosa me ha sucedido." 

Entremos en el octavo párrafo. Es el día 
25 de Mayo, en el cual termina Perú de La 
Croix la segunda parte del Diario de Bucara- 
manga. El Libertador después de la comida 
habló de la República de Bolivia, y luego se 
refirió entre otras cosas al célebre Congreso 
de Panamá, expresando asi sus ideas: "Algu- 
"nos han dicho y otros eren todavia, que aque- 
"11a reunión de plenipotenciarios Americanos 
"es una imitación ridicul del Congreso de Vie- 
"na, que produjo la Santa Alianza Europea: 
"se engañan los que lo eren asi, y también se 
"ha engañado mas que nadie el abate Deprad 
"con las bellas cosas que há dho. sobre aquel 
"Congreso, y há probado que es muy ignoran- 
te sobre la America, y su verdadero Estado 
"social y situación politica. (*). Cuando inicie 
"aquel Congreso y que tanto hé instado pa. 



(*). El abate Pradt, Arzobispo de Malinas, fué un decidido 
amigo de nuestra independencia. Se escribía frecuentemente con el 
Libertador, y éste último, en 1825, le hizo dar una pensión vitalicia de 
tres mil pesos, pensión que salía del dinero particular de Bolí- 
var. — P. U. 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 129 

"su reunión no fue sino una fanfaronada 
"mia que sabia no seria conocida, y qe. juzga- 
ba ser política y necesaria y propia pa. que se 
"hablase de Colombia, para presentar al Mun- 
"do toda la América reunida bajo una sola po- 
"litica, un mismo interés y una confederación 
"poderosa. Lo repito fue una fanfaronada 
"igual á mi famosa Declaración del año de 18„ 
"dada en Angostura el 20„ de Nove., en la qe. 
"no solo declaraba la independa, de Venezue- 
la, sino qe. desafiaba la España, la Europa y 
"el Mundo. No tenia entonces territorio casi 
"ninguno, ni ejercito, y llame Junta Nacional, 
"algunos militares y empleados que tomaban 
"el nombre de Consejo de Estado cuando se 
"reunian pa. tratar algunos negocios, que ya 
"habia resuelto, pero que tomaban mas fuer- 
"za al parecer haber sido discutidos en Con- 
(( sejo de Estado. — Con el Congreso de Pana- 
"ma he querido hacer ruido, hacer resonar el 
"nombre de Colombia y el de las demás Repú- 
blicas Americanas: desanimar la España, 
"apresurar el reconocimto. que le conviene 
"hacer, y también el de las demás potencias de 
"Europa: pero nunca hé pensado que podia 



130 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"resultar de el Una alianza Americana como 
"la que se formo en el Congreso de Viena : Me- 
"jico, Chile y la plata, no pueden auxiliar á 
"Colombia, ni esta á ellos: todos los intereses 
"son diversos exepto el de independa.: solo 
"puede existir relaciones diplomáticas entre 
"ellos, y nada de muy estrecho, sino en pura 
"aparencia." 

Ahora entra ]a tercera y última parte 
del Diario de Bucaramanga, en la cual van 
a figurar los cinco restantes párrafos de nues- 
tra cuenta; pues hemos visto ya, que el octavo 
párrafo aparece el día 25 de mayo de 1828, o 
sea el día en que Perú de La Croix concluyó la 
segunda parte del "Diario." 

Dice así el párrafo noveno, a propósito 
de haberse traído a cuento en la conversación, 
aquella célebre entrevista de Santa Ana entre 
Bolívar y Morillo el 27 de noviembre del año 
1820: "Que mal han comprendido y juzgado, 
algunas personas, de aquella celebre entre- 
vista", dijo el Libertador, "unos no han visto 
pr- mi parte ninguna mira política, ningún 
medio diplomático y solo el abandono y la 
vanidad de un necio; otros solo la han atri- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 131 

buido á mi amor propio, al orgullo y á la in- 
tención de hacer la paz á cualquiera precio y 
condiciones que impusiera la España. ¡Que 
tontos ó que malvados son todos ellos! Ja- 
mas, al contrario, durante todo el curso de 
mi vida publica, hé desplegado mas politica, 
mas ardid diplomático que en aquella im- 
portante ocasión; y en esto, puedo decirlo 
sin vanidad, creo que ganaba también al 
jral. Morillo, asi como lo habia yá ganado en 
casi todas mis operaciones militares. Fui en 
aquella entrevista con una superioridad, en 
todo, sobre el Jral. Español; fui ademas ar- 
mado de cabeza á pies con mi politica y mi 
diplomacia bien encubiertos con una grande 
aparencia de franqueza, de buena fe, de 
confianza y de amistad, pues es bien savido 
que nada de todo esto podia tener 3 r o pa. con 
el Conde de Cartajena, y que tan poco ningu- 
nos de aquellos sentimientos pudo inspirar- 
me en una entrevista de algunas horas: apa- 
rencias de todo esto, es lo que hubo pr. que es 
de estilo y de convención tacita entre los di- 
plomatos, pero ni Morillo, ni yo fuimos enga- 
ñados sobre aquellas demostraciones; solo 



132 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"los imbéciles lo fueron, y lo están todavia. El 
"armisticio de 6„ meses que se celebro enton- 
ces y que tanto se há criticado, no fue pa. mi 
"sino un pretesto, pa. hacer ver al Mundo que 
"yá Colombia tratava como de Potencia á Po- 
nencia con España: un pretexto también pa. 
"el importante tratado de regularisacion de 
"la guerra, que se firmo tal, casi, como lo ha- 
"bia redactado yó mismo: tratado santo, hu- 
"mano y politico que ponia fin a aquella ho- 
"rrible carnicería de matar á los vencidos; de 
"no hacer pricioneros de guerra; barbaria Es- 
pañola que los patriotas se habian visto en 
"el caso de adoptar en represalias: barbaria 
"feroz que hacia retroceder la civilisacion; 
"que hacia del suelo Colombiano un campo 
"de canibalos y lo empapaba con una sangre 
"inocente que hacia estremecer toda la huma- 
unidad. Por otra parte, aquel armisticio era 
"provechoso a la República y fatal á los Espa- 
ñoles: su ejercito, no podia aumentar sino 
"disminuir durante dha. suspensión: el mió 
"pr. el contrario aumentaba y tomaba mejor 
"organisacion: la politica del Jral Morillo, 
"nada podia adelantar entonces en Colombia, 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 133 

"y la mia obraba activamente y eficazmente 
"en todos los puntos ocupados todavía pr. las 
"tropas de dho. jeneral. Hay mas aun, el armis- 
ticio engaño también á Morillo, y lo hizo ir 
"pa. España y dejar el mando de su ejercito 
"al Jral. Latorre, menos activo, menos capaz 
"y menos militar que el Conde de Cartajena: 
"esto yá era una inmensa victoria que me ase- 
guraba la entera y pronta libertad de toda 
"Venezuela, y me facilitaba la ejecución de 
"mi grande e importante proyecto, el de no 
"dejar un solo Español armado en toda la 
"America del Sur. — Digan lo que quieren los 
"imbéciles y mis enemigos, sobre dho. nego- 
"cio : los resultados están en mi favor. Jamas 
"comedia diplomática ha sido mejor repre- 
sentada que la del dia y noche del 27„ de 
"Nove, del año 20„ en el pueblo de Santa Ana: 
"produjo el resultado favorable que habia cal- 
culado pa. mi y pa. Colombia, y fue fatal para 
"la España. Contesten, pues a esto los que han 
"criticado mi negociación y entrevista con el 
"Jral- Morillo; y que no olviden que en las 
"averturas de paz que se hicieron hubo, sin 
"embargo, de parte de los negociadores Co- 



134 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"lombianos un sine qua non terminante pr. 
"principal base; es decir el reconocimto. pre- 
"vio de la República: sine qua non que nos 
"dio: dignidad y superioridad en la negocia- 
ción". (*). 

El párrafo anterior y el décimo que se ve- 
rá a continuación, figuran en el día 26 de 
Mayo. Después de la comida de ese día se ha- 
llaba el Libertador en su cuarto con La Croix 
y se expresó de este modo sobre Napoleón el 
Grande: "Vd. habrá notado, no hay duda," 
dijo Bolívar á La Croix, "que en mis conver- 
saciones delante los de mi casa y otras perso- 
nas nunca hago el elojio de Napoleón; que 
por lo contrario cuando llego en hablar 
de el ó de sus hechos es mas bien pa. criti- 
carlo que aprobarlo, y que mas de una vez 
me há sucedido llamarlo tirano, despota; co- 
mo también el haber censurado varias de sus 
grandes medidas políticas, y algunas de sus 
operaciones militares. Todo esto há sido y 
es aun necesario pa. mi, aunqe. mi opinión 
sea diferente; pero tengo que ocultarla y 



(*). Léase la nota No 4. 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 135 

"disfrazarla, pa. evitar que se establesca la 
"opinión que mi política es imitada de la de 
"Napoleón; que mis miras y proyectos son 
"iguales á los suyos; que como el quiero ha- 
"cerme imperador ó rey; dominar la Ame- 
"rica del Sur como há dominado la Europa: 
"todo esto no habrían faltado de decirlo si hu- 
"biera hecho conocer mi admiración y mi en- 
tusiasmo para con aquel grande hombre. 
"Mas aun hubieran dicho mis enemigos: me 
"habrían acusado de querer crear una noble- 
"sa y un estado militar igual al de Napoleón, 
"en poder, prerrogativas y honores. (*). No 
"dude V. de que esto hubiera sucedido si yo me 
"hubiera mostrado, como lo soy, grande apre- 
ciador del héroe Francese; si me habian oido 
"elojiar su política; hablar con entusiasmo de 
"sus victorias; preconisarlo como el primer 
"capitán del Mundo, como hombre de estado, 
"como filosofo y como sabio. Todas estas son 
"mis opiniones sobre Napoleón, pero gran 
"cuidado hé tenido y tengo todavía en ocul- 
tarlas. — El diario de Santa Helena; las cam- 
"pañas de Napoleón y todo lo que es suyo es 



(*). Léase la nota No 5. 



136 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"pa. mi la lectura la mas agradable y la mas 
"provechosa : es donde debe estudiarse el arte 
"de la guerra, el de la politica y el de gober- 
nar." 

Viene ahora el undécimo párrafo que fi- 
gura en el códice el día 3 de Junio. El Liber- 
tador les cuenta a sus amigos Soublette y La 
Croix, después del acostumbrado juego de 
cascarela, la siguiente anécdota: "Me acuer- 
"do, que todavía en el año 17„ cuando esta- 
camos al sitio de Agostura di uno de mis 
"caballos á mi primer Edecán el actual Jral. 
"Ybarra, pa. que fuera á llevar algunas orde- 
"nes á la linea y recorrerla toda: el caballo 
"era grande y muy corredor, y antes de ensi- 
llarlo Ybarra estaba apostando con varios 
"jefes del ejercito que brincaría el caballo 
"partiendo del lado de la cola é iria caer del 
"otro lado de la cabeza : lo hizo efectivamente 
"y precisamente llegué yo en aquel mismo 
"momento: dije que no habia hecho una gran 
"gracia y para provarlo á los que estaban pre- 
sentes tome el espacio necesario, di el brinco 
"pero cái sobre el pezcuezo del caballo, reci- 
biendo un porrazo del cual no hable. Picado 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 137 

'mi amor propio, di un segundo brinco y cai 
'sobre las orrejas, recibiendo un golpe peor 
'qe. el primero: esto no me desanimó, pr. lo 
'contrario, tome mas ardor y la tercera vez 
'pase el caballo. Confiezo que hize una locura, 
'pero entonces no queria que nadie dijese que 
'me pasaba en ajilidad y que hubiera uno qe. 
'pudiese decir que hacia lo que yo no podia 
'hacer. No crean Vds. que esto sea inútil pa. 
'el hombre que manda á los demás: en todo, 
'si es posible debe mostrarse superior á los 
'que deben obedecerle : es el modo de estable- 
cerse un prestijio duradero é indispensable 
'pa. el qe. ocupa el primer rango en una socie- 
'dad, y particularmente que se halla á la ca- 
'beza de un ejercito. (1) ". 

Leamos a continuación el duodécimo pá- 
rrafo que es tan interesante y sugestivo como 
el último, en los cuales si se destaca con 
coloridos vivísimos la egregia figura moral 
del ilustre Libertador. Bolívar sale con sus 



"(1). Este principio era el de Pompeo que corría, brincaba y 
"llevaba un gran peso también y mejor que cualquiera hombre o sol- 
dado de su tiempo. El historiador Saluste, lo ha elojiado todos estos 
"saberes." 



138 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

amigos a dar un paseo a pie el día 6 de Junio, 
y penetran casualmente en la iglesia de Buca- 
ramanga, donde el Libertador mirando va- 
rios cuadros de santos pintados por mediocri- 
dades del arte, dijo: "Lo que es el pueblo; su 
credulidad é ignorancia que hace de los cris- 
tianos una secta de idolatros: hedíamos con- 
tra los paganos pr. que adoraban unas esta- 
tuas, y nosotros ¿que hacemos; no adoramos 
igualmente algunos pedazos de piedras, de 
madera groseramente escultados y algunos 
retazos de lienzos muy mal embadurnados, 
como aquellos que acabamos de ver y como 
la tan reputada virjen de Chiquinquira que 
es la pintura la mas fea que haya visto, y qui- 
sas la mas reverenciada del Mundo y la que 
mas dinero produce? (*) ¡Ah sacerdotes hi- 
pócritas ó ignorantes! En estas dos clases los 
pongo todos: si están en la primera, ¿pr. que 
el pueblo se deja dirigir pr. unos embusteros? 
y si están en la segunda, ¿pr. que se deja con- 
ducir por unas bestias? Conosco á muchos 
que me han dicho: "Soy filosofo p«. mi solo ó 
pa. unos pocos amigos, y sacerdote pa. el vul- 



(*). Léase la nota No 7. 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 139 

"go. Profesando tales máximas, digo yo que 
"dejan de ser filósofos, y son unos charlata- 
nes. Pero que impudencia todavia pr. parte 
"de nuestros charlatanes sagrados! No pue- 
"do acordarme sin risa y sin desprecio el edic- 
"to con que me escomulgaron, yó y todo mi 
"ejercito, los gobernadores del Arzobispado 
"de Bogotá, Dres. Pey y Duquesne, el dia 3„ 
"de Dice, del año 14„ tomando pr. pretexto 
"que yo venia pa. saquear las Yglesias, perse- 
guir los sacerdotes, detruir la Relijion, vio- 
"lar las virgens: y degollar los hombres y los 
"niños; y todo esto pa. retractarlo publica- 
"mente con otro edicto, en el qe. en lugar de 
"pintarme como impio y ereje, como en el 
"primero, confesaban que era yo un buen y 
"fiel católico. ¡Que farza tan ridicula y que 
"leciones pa. los pueblos! Nueve ó diez dias 
"de interval hubo entre aquellos dos edic- 
"tos: el primer se dio pr. que marchaba so- 
"bre Bogotá pr. orden del Congreso Jral. y el 
"segundo pr. que habia entrado victorioso en 
"aquella capital. — Nuestros sacerdotes tienen 
"todavia el mismo espiritu, pero el efecto de 
"las descomulgaciones, es nulo ahora, las ful- 



140 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



"minan sin otro resultado que el de aumentar 
"su ridiculo, mostrar su impotencia y aumen- 
tar cada dia mas el desprecio que merecen." 
Viene ahora el último, o sea el décimo ter- 
cer párrafo, el cual reviste un interés marca- 
dísimo por expresar en él Bolívar, con pro- 
funda y altísima filosofía su modo de pensar 
sobre los presentimientos. Perú de La Croix 
coloca estas valiosas ideas del Libertador el 
día 9 de Junio de 1828, o sea, mejor dicho, la 
noche de ese día en que ya el Libertador se 
hallaba en la población llamada Piedecuesta, 
en viaje apresurado para Bogotá. Bolívar in- 
vitó a de La Croix para el aposento a donde 
iba a dormir esa noche, y allí solos, conversa- 
ron largamente sobre varios temas y entre 
otras cosas le dijo el Libertador las que a con- 
tinuación verá el lector: "Si yó creyera á los 
"presentimientos no iría á Bogotá (*) pr. qe. 
"algo me esta diciendo que alli sucederá al- 
"gun acontecimiento malo ó fatal pa. mí; pero, 
"me estoy preguntando también: ¿que es 
"lo que llamamos presentimiento? y mi ra- 



(*). Cosas eternas del Destino: ciento nueve días más tarde, 
el 25 de setiembre, cumplíanse los presentimientos del Libertador en 
Piedecuesta, aquella noche memorable del 9 de junio de 1828. — P. U. 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 141 

"son contesta: un capricho ó un estravio de 
"nuestra imajinacion; unas ideas, las mas ve- 
"ces, sin fundamento, y no una advertencia 
"segura de lo que debe sucedemos, pr. que no 
"doy á nuestra intelijencia, ó si se quiere al 
"alma, la facultad de antever los aconteci- 
mientos y de leer en lo venidero para poder 
"avisarnos de lo que debe ocurrir. Confieso, 
"sin embargo, que en ciertos casos nuestra in- 
"telijencia puede juzgar que si hacemos tal ó 
"tal cosa, que si damos tal ó tal paso, nos re- 
sultara un bien ó un mal; pero esto es un 
"caso diferente, no igual con el otro y pr. lo 
"mismo repito que no creo que ningún movi- 
"miento, ningún sentimiento interior puedan 
"pronosticarnos con certeza los acontecimien- 
"tos futuros; por ejemplo: que si voy á Bo- 
"gota, alli hallare la muerte, ó una enfer- 
"medad ó cualesquiera otro accidente funes- 
"to. No hago caso pues de tales presentimtos.; 
"mi rason los rechasa, cuando sobre ellos no 
"puede mi reflexión calcular las probabilida- 
des, ó que estas están mas bien en su contra. 
"Se que Sócrates, otros sabios y varios gran- 
"des hombres, no han despreciado sus presen- 



142 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"timientos, que los han observados y han 
"flexionado sobre ellos y que, mas de una vez, 
"han dejado de hacer lo que hubieran hecho 
"sin ellos; pero tal sabiduría yo la llamo mas 
"bien debilidad, cobardia, ó si se quiere, ex- 
"ceso de prudencia, y digo que tal resolu- 
ción no puede salir de un espiritu entera- 
"mente despreocupado. Dicen que Napoleón 
"á creido á la fatalidad, pr. que tenia fe á 
"su fortuna, que llamaba su buena estrella; 
"el se ha disculpado de aquella ridicul acusa- 
don provando que no era fatalista, y qe. el 
"haber mentado su estrella no era creer cie- 
gamente a una cadena de destinos prósperos 
"que le eran reservados. No hacia caso de las 
"predicciones. En el año de 12, al momento 
"de pasar el Rio Niemen, pa. abrir su campaña 
"de Rusia, su caballo cayo en la orilla de dho. 
"Rio, y el sobre el arena; una vox dijo: esto 
"es un mal presajio; un Romano retrocedería. 
"Napoleón no volvió á tras, siguió su empresa 
"y esta fue fatal pa. su ejercito, pa. la Francia 
"y lo ha hecho caer del primer trono del Mun- 
"do. Mas, ¿que prueba esto? nada: la caida 
"fue una casualidad, y solo un loco, un fana- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 143 

"tico ó un imbécil podían mirarla como un 
"aviso de la Divinidad, sobre el malogro de 
"aquella campaña y sus fatales resultados. — 
"Cesar al desembarcar cayo igualmente, pr. 
"accidente sobre el arena, en la orilla del mar, 
"en presencia de todo su ejercito, pero pudo 
"dar el cambio, y hacer creer que voluntaria- 
"mente se habia hechado en el suelo para sa- 
"ludar la tierra, pues dijo: ¡Oh Tierra te salu- 
"do! Su empresa fue feliz á pesar de su cai- 
"da, que muchos habrian tomado pr. un fu- 
"nesto presagio. — Los verdaderos filósofos no 
"hacen caso de los presentimientos y no eren 
"en los presajios; pero el que manda debe 
"tratar de destruir sus efectos sobre los hom- 
"bres crédulos, como lo hizo Julio Cesar. — En 
"el año de 17„ después de mi segunda expedi- 
ción sobre Venezuela, y antes de emprender 
"la de Guayana, los Españoles me derrotaron 
"en Clarin, dos ó trescientos reclutas á cuya 
"cabeza me hallaba, y la vox corrió que yo era 
"desgraciado y que todo me salia mal. Poco 
"después estando yá en Guayana, los Españo- 
les se presentaron y vi que me convenia dar 
"la batalla que me presentaban: llame en- 



144 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

'tonces al Jral. Piar encargándolo de man- 
'darla en persona, pr. qe. no se había borra- 
'do todavía la impresión de mi ultima derro- 
'ta: no cedí, en esto, en presentimtos. ningu- 
'nos; vi solo el de mis oficiales que hubiera 
'podido influir desfavorablemente sobre el 
'combate y sus resultados. Piar gano la ba- 
'talla: se borraron las ideas que habían na- 
'cido sobre mi Mala Suerte; volvi á mandar 
'batallas, á ganarlas y á peder algunas, pero 
'no renacieron, en el ejercito, otras ideas so- 
'bre mi mala suerte, sino qe. al contrario to- 
dos confiaban en mi buena fortuna. 

"Sócrates llamaba sus presentimientos 
su Demonio: yo no tengo tal demonio pr. que 
poco me ocupan: estoy convencido que los 
sucesos venideros son cubiertos con un velo 
impenetrable, y tengo pr. un imbécil ó pr. 
un loco el que lleva sus inquietudes mas le- 
jos que debe y teme pa. su existencia pr. qe. 
ha tenido tal ó tal sueño; pr. que cierta im- 
pulsión aventurera de voluntad, manifesta- 
da con la ausencia de su rason, le há presen- 
tado un peligro futuro; pr. que, en su inte- 
rior, algo le há dicho de no hacer tal ó tal 



" EL DIARIO DE BUCARAMANGA " 145 

"cosa; de no ir mas adelante y volver á tras; 
"de no dar la batalla un viernes ó el Domin- 
"go sino un otro dia; de no dormir sobre el 
"lado izquierdo del cuerpo, sino sobre el dere- 
"cho, y finalmente otras bobadas de igual es- 
"pecie. Los pocos ejemplos que se podrian ci- 
"tar pa. combatir mi opinión son frutos del 
"acaso y pr. lo mismo no pueden convencer - 
"me: entre millones de presentimientos y sue- 
"ños, la casualidad solo ha hecho que unos 
"muy pocos se hayan realisado y se citan estos 
"últimos y no los primeros: centenares de mi- 
"llones han salido fallidos, y no se habla de 
"ellos: un ciento ó dos han salido verdaderos 
"y solo se citan á estos. Tal es el espiritu hu- 
"mano; amigo y entusiasto de lo sobre natu- 
"ral y de la mentira; indiferente sobre las co- 
"sas naturales v la verdad." 



10 



CONCLUSIÓN 



Allí pues, concluye lo verdaderamente 
interesante y que merece crédito del famoso 
Diario de Bucaramanga; lo demás, en su ma- 
yoría, es un cúmulo de bajezas que manchan 
nuestra historia y el buen nombre del ilustre 
Libertador. 

Mañana, cuando en las contingencias del 
porvenir, Venezuela y Colombia, unidas en 
estrecho abrazo, como buenas hermanas, se 
hallen defendiendo en alguna guerra la inte- 
gridad de su territorio, o el bien común de su 
libertad, y llegue el caso de una acción heroi- 
ca, llevada a cabo por el sacrificio de uno de 
sus hijos; es para esa época que debemos te- 



150 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

ner más fuerte y sinceramente grabados en 
el alma de la raza, estos hechos — Páez en Las 
Queseras, Ricaurte en San Mateo, Sucre y Cór- 
doba en Ayacucho; y en Bárbula, envuelto en 
la bandera, Girardot, — para que una referen- 
cia injusta y malévola, inspirada por pasiones 
momentáneas, no venga nunca a ensombre- 
cer uno de esos hechos tan estupendos y que 
son el orgullo de la raza. 

He releído muchas veces el Diario de Bu- 
caramanga, y por espíritu de curiosidad he 
anotado la siguiente lista de los más nota- 
bles defensores de la República, a quienes 
Perú de La Croix no da cuartel y hace apa- 
recer ennegrecidos con sombras formidables 
a la casi mayoría de todos ellos. Leámosla: 
Sucre, Piar, Santander, Páez, Ricaurte, Girar- 
dot, Córdoba, Flórez, Obando, Zea, Montilla, 
Salom, O'Leary, Arismendi, Bermúdez, Ma- 
rino, Padilla, Urdaneta, Soublette, Azuero, 
Soto, Heres, Maza, López, Hurtado, Restrepo, 
el brigadier Castillo y Wilson. 

La juventud de Venezuela y de Colombia 
a quien he dedicado este libro, será un juez 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 151 

imparcial, que juzgará con criterio sano y am- 
plio el Diario de Bucaramanga, escrito apasio- 
nadamante en aquellas épocas tormentosas 
de nuestra agitada vida nacional. 



NOTAS 



Nota N° 1. — El Diario de Bucaramanga 
publicado por la Casa P. Ollendorff, si bien es 
cierto que fué copiado ligera y clandestina- 
mente de un códice no muy fiel que posee la 
Academia de la Historia — y el cual también 
hemos consultado, — adolece de tantos defec- 
tos, que nuestro erudito amigo y notable bi- 
bliógrafo venezolano, Manuel Segundo Sán- 
chez, indiscutible autoridad en la materia, nos 
repitió un día lo siguiente: "El Diario de Bu- 
caramanga publicado en la casa P. Ollen- 
dorff, me causó una gran sorpresa. Cuando 
me llegó un ejemplar procedí al cotejo de la 
copia y puedo asegurarle a usted que adolece 
de numerosas inexactitudes y algunas omi- 
siones que amenguan su valor como docu- 



156 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

mentó histórico. Esa edición carece del cer- 
tificado de autenticidad que es de rigor, tra- 
tándose de compulsa de manuscritos." 

En efecto, hemos compulsado la parte 
del Diario de Bucaramanga que figura en este 
libro, — copia fiel del que posee el Gobierno de 
Venezuela — con el Diario publicado en la casa 
Ollendorff , y hemos encontrado, sin exagerar, 
más de 100 errores por página. 



Nota N° 2. — En cuanto a los aconteci- 
mientos del Rincón de los Toros, O'Leary, 
Restrepo, Páez y Baraya están de acuerdo en 
algunos detalles. Como es bien sabido, el asal- 
to a los patriotas lo dio el jefe realista Rafael 
López, valiéndose del audaz capitán de drago- 
nes Tomás Renovales, quien en la noche del 
16 de abril habiendo conseguido a traición el 
santo y seña, logró engañar al general Santan- 
der y llegar hasta donde acampaba el Liber- 
tador. Renovales llevaba de compañeros a 
ocho audaces realistas, quienes dispararon so- 
bre las hamacas donde se hallaban Bolívar y 
sus compañeros. López, en el amanecer del 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 157 

día siguiente, pagó con su vida la audacia que 
ejecutó en el Rincón de los Toros. Fué hallado 
muerto de un balazo, y en el caballo que mon- 
taba huyó ese día el Libertador. A este res- 
pecto dice O'Leary: "El Comandante Serra- 
no que encontró a Bolívar a pie le negó su ca- 
ballo y ni quiso montarlo en el anca; pero un 
soldado de caballería que lo alcanzó luego, le 
proporcionó una muía sin silla, en que iba 
montado, mas al acercársele el Libertador re- 
cibió una coz que le estropeó levemente una 
pierna. En este estado, desamparado, se le 
presentó el Comandante Julián Infante, mon- 
tado en el caballo del Jefe enemigo que ha- 
bía muerto en la acción, del cual se desmontó 
insistiendo en que lo aceptara y se salvase." 



Nota N° 3. — En ese día acompañaba al 
Libertador en Montechiario, su maestro e ín- 
timo amigo el ilustre don Simón Rodríguez, 
una de las figuras más interesantes y que lla- 
ma especialmente la atención de todo tempe- 
ramento culto, amigo de la ciencia y del es- 
tudio, y a quien le dirigió Bolívar desde Pa- 



158 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

tivilca, 23 años después más o menos — 17 de 
enero de 1824 — aquella célebre carta en la que 
Bolívar le recordaba entre otras cosas, la vi- 
sita que ambos hicieran una vez al Monte Sa- 
cro en Roma, tierra santa donde juraron li- 
bertar la Patria. 

Bien conocido es de la cultura surameri- 
cana, el influjo decisivo que ejerció don Si- 
món Rodríguez sobre su discípulo, y por eso 
Bolívar jamás olvidó en el camino de su vida 
las intensas lecciones que le diera su maestro 
y las cuales grabáronse hondamente en aquel 
portentoso espíritu sensitivo y múltiple, que 
se engrandece día por día ante los ojos de la 
humanidad. 

Recordemos en esta ocasión, y grabemos 
en la memoria de la juventud algunos pá- 
rrafos de aquella memorable carta del Liber- 
tador, en la cual se le ve pasar como un filó- 
sofo y como un poeta. (*). Oid: "Oh mi maes- 
"tro! Oh mi amigo!: Se acuerda usted cuando 
"fuimos al Monte Sacro en Roma, a jurar so- 
"bre aquella tierra santa la libertad de la Pa- 



co. Para esa época hallábase don Simón Rodríguez en Bogotá 
recientemente llegado del Viejo Mundo. — P. U. 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 159 

"tria? Ciertamente no habrá usted olvidado 
"aquel día de eterna gloria para nosotros : día 
"que anticipó, por decirlo así, mi juramento 
"profético a la misma esperanza que no de- 
bíamos tener. . . 

"Usted formó mi corazón para la liber- 
tad, para la justicia, para lo grande, para lo 
"hermoso. Yo he seguido el sendero que us- 
"ted me señaló. Usted fué mi piloto, aunque 
"sentado sobre una de las playas de Europa. 

"Cuan hondamente se han grabado en mi 
"corazón las lecciones que usted me ha dado : 
"no he podido jamás borrar siquiera una co- 
"ma de las grandes sentencias que usted me 
"ha regalado: siempre presentes a mis ojos 
"intelectuales, las he seguido como guías in- 
falibles. 

"Venga usted al Chimborazo. Profane 
"usted con su planta atrevida la escala de los 
"titanes, la corona de la tierra, la almena inex- 
"pugnable del Universo Nuevo: Desde tan 
"alto tenderá usted la vista, y al observar el 
"cielo y la tierra, admirando el pasmo de la 
"creación terrena, podrá decir: "Dos eterni- 
"dades me contemplan, la pasada y la que vie- 



160 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

"ne; y en este trono de la naturaleza, idéntico 
"a su autor, será tan duradero, indestructible 
"y eterno como el padre del Universo." Desde 
"dónde, pues, podrá decir usted otro tanto 
"erguidamente? Amigo de la naturaleza, 
"venga usted a preguntarle su edad, su vida y 
"su esencia primitiva. Usted no ha visto en 
"ese mundo caduco más que las reliquias y los 
"derechos de la próvida madre. Allá está en- 
corvada bajo el peso de los años, de las en- 
fermedades y del hálito pestífero de los 
"hombres: aquí está doncella, inmaculada, 
"hermosa, adornada por la mano misma del 
"Creador. El tacto profano del hombre to- 
"davía no ha marchitado sus vivos atractivos, 
"sus gracias maravillosas, sus virtudes intac- 
tas...." 

Tales son los párrafos más interesantes 
de la bellísima e ilustre carta dictada por el 
Libertador en Pativilca, cuando ya se aproxi- 
maba la realidad del ensueño tantas veces 
acariciado, de completar la libertad de medio 
Continente. 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 161 

Nota N° 4. — En la tarde de ese memorable 
día, el general Morillo dio una magnífica co- 
mida militar, a la cual asistieron entre otros 
personajes de importancia, el Libertador, el 
general La Torre, el brigadier Correa, don 
Juan Rodríguez Toro, O'Leary, etc. A la hora 
de los brindis y reinando la más exquisita y 
franca cordialidad, el general Morillo, después 
de otros brindis dignos de aquel momento his- 
tórico, dijo: "Castigue el Cielo a los que no es- 
tén animados de los mismos sentimientos de 
paz y de amistad que nosotros." 

Un colombiano oportunamente brindó 
así: Que la última página de la historia mili- 
tar de Colombia termine el 27 de noviembre." 

El brigadier Correa dijo: "Prefiero este 
día a todas las victorias de la tierra." 

El general La Torre, en un momento de 
franco y liberal entusiasmo le dijo a Bolívar: 
"Descenderemos juntos a los infiernos en 
persecución de los tiranos." 

Poco tiempo después el general Pablo 
Morillo abandonó la América, pero dejó en 
manos de un amigo una carta admirable y 
de la cual es este párrafo intenso, en que be- 



11 



162 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

llámente describe su entrevista con Bolívar: 
"Pasé ayer uno de los días más felices de mi 
vida en compañía del general Bolívar y de 
varios Oficiales de su Plana Mayor. Nos abra- 
zamos con la mayor ternura. Bolívar vino 
solo con sus oficiales, confiado en la buena fe. 
Nadie, ni nosotros mismos somos capaces de 
concebir lo interesante de esta entrevista y la 
cordialidad y amor que animaba a los que es- 
tábamos en ella: nuestra alegría estaba mez- 
clada con la locura, y parecía un sueño vernos 
reunidos allí, como españoles, como herma- 
nos y como amigos. Bolívar estaba lleno de 
satisfacción. Mil veces nos abrazamos con 
nuestras armas." 

Cuando en la mañana de ese interesante 
día O'Leary le participó a Morillo que el Li- 
bertador estaba en camino y no tardaría en 
llegar, Morillo preguntóle que cuál era el nú- 
mero de hombres que traía la escolta del Jefe 
de la República, y O'Leary contestóle que Bo- 
lívar sólo traía los comisionados realistas y 
diez o doce oficiales, y que no venía escolta 
alguna. "Bien", contestó Morillo: "muy pe- 
queña creía yo mi guardia para aventurarme 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 163 

hasta aquí; pero mi antiguo enemigo me ha 
vencido en generosidad; voy a dar orden a los 
húsares para que se retiren." 

Según O'Leary, Morillo asistió a la Con- 
ferencia de Santa Ana de riguroso uniforme, 
y tenía puestas las órdenes militares y otras 
insignias recibidas del Rey por sus servicios. 
Cuando la comitiva en que venía el Liberta- 
dor se acercó a la de Morillo, este ilustre mi- 
litar quiso saber quién era Bolívar- Alguien 
se lo mostró, y entonces Morillo exclamó: 
"¿Cómo, aquel hombre pequeño, de levita 
azul, con gorra de campaña y montado en una 
muía?" 

"La noche puso fin a los regocijos del día", 
dice O'Leary, "pero no separó a los generales 
rivales. Bajo un mismo techo y en un mismo 
cuarto durmieron profundamente Bolívar y 
Morillo; desquitándose tal vez de las muchas 
noches de vela que mutuamente se habían 
dado." 

Nota N° 5. — A propósito de tan interesan- 
te asunto, hay una aseveración injusta del se- 
ñor doctor Carlos A. Villanueva, investigador 



164 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

de archivos diplomáticos. En efecto, hace 
poco tiempo apareció el cuarto volumen de su 
obra La Monarquía en América, y que titula 
"El Imperio de los Andes"; allí pretende em- 
pañar el nombre de nuestro ilustre Liberta- 
dor, haciendo aparecer al Genio de la Amé- 
rica ante la Historia, como decidido partida- 
rio de la monarquía, a quien sólo detuvo para 
coronarse: "£7 temor de que los colombianos 
le fusilasen como los mexicanos a Iturbide." 
(Pág. 69). Para rebatir completamente y 
echar por tierra semejante impostura del se- 
ñor Villanueva, vamos a oír a dos autoridades 
indiscutibles en la materia; pero antes oiga- 
mos lo que el propio Libertador dice en su 
trascendental carta fechada el 13 de setiembre 
en Guayaquil y dirigida al general O'Leary: 

"Yo no concibo que sea posible siquiera estable- 
cer un Reino en un país que es constitutivamente de- 
mocrático, porque las clases inferiores y las más nu- 
merosas reclaman esta prerrogativa con derechos in- 
contestables; pues la igualdad legal es indispensable 
donde hay desigualdad física, para corregir en cierto 
modo la injusticia de la naturaleza. Además: ¿quién 
puede ser Rey en Colombia? Nadie a mi parecer, 
porque ningún príncipe extranjero admitiría un tro- 



EL "DIARIO DE BUCARAMANGA " 165 



no rodeado de peligros y miserias; y los generales 
tendrían a menos someterse a un compañero y re- 
nunciar para siempre la autoridad suprema. El pue- 
blo se espantaría con esta novedad, y se juzgaría per- 
dido por la serie de consecuencias que deduciría de 
la estructura y base de este gobierno. Los agitadores 
conmoverían al pueblo con armas bien alevosas y su 
seducción sería invencible, porque todo conspira a 
odiar ese fantasma de tiranía que aterra con el nom- 
bre solo. La pobreza del país no permite la erección 
de un Gobierno fastuoso, y que consagra todos los 
abusos del lujo y la disipación. La nueva nobleza 
indispensable en una monarquía, saldría de la masa 
del pueblo, con todos los celos de una parte y toda 
la altanería de la otra. Nadie sufriría sin impacien- 
cia esta miserable aristocracia cubierta de pobreza 
y de ignorancia, y animada de pretensiones ridicu- 
las . . . No hablemos más, por consiguiente, de esta 
quimera." 

Ahora oigamos la palabra autorizada del 
conocido historiógrafo contemporáneo, señor 
doctor Laureano Vallenilla Lanz, cuando re- 
cientemente, de manera tan oportuna y acer- 
tada, se expresó públicamente así : 

"Nada más natural que el señor Villanueva ca- 
yera en el mismo garlito en que han caído todos aque- 
llos que comienzan por establecer un método, una 
doctrina, un plan, una tesis, para solicitar después 



166 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



los hechos que deban servirles de comprobación. Con 
una preocupación semejante se llega al extremo de 
no ver en los documentos sino lo que convenga al 
plan preconcebido, y tomar como artículo de fe 
cuanto se halle escrito en su favor, sin tomar en 
cuenta al autor, ni al momento, ni al interés que sir- 
vió de móvil. "Quienes así proceden, dice Fustel de 
Coulanges (1), corren el riesgo de no comprender 
los textos o de comprenderlos falsamente. Entre el 
texto y el espíritu prevenido que le lee, se establece 
una especie de conflicto indefinible: el espíritu se 
resiste a comprender lo que es contrario a su idea, y 
el resultado más frecuente de este conflicto no es 
que el espíritu se dé cuenta de la claridad del texto, 
sino que más bien el texto ceda, se pliegue, se aco- 
mode a la opinión preconcebida por el espíritu 

Poner sus ideas personales en el estudio de los do- 
cumentos, es un método puramente subjetivo. Se 
cree mirar un objeto y es su propia idea lo que se 
mira ; se cree observar un hecho y este hecho toma in- 
mediatamente el color y el sentido que el espíritu 
quiere que tenga : se lee un texto y las frases de este 
texto toman una significación particular según la opi- 
nión anterior que se haya formado de él." Desde 
Taine hasta Villanueva — y la escala es un poco más 
larga que la de Jacob, — es éste el error en que han 



(1). "Monarchle franque, pág\ 31. 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 167 

incurrido todos los historiadores que alguien, no sé 
si con propiedad, ha llamado esquemáticos. 

Cuando Bolivar, sorprendido por la carta de 
Páez en que le proponía la Dictadura o la Monar- 
quía, se la envió a Santander, con un propósito que 
nadie está autorizado a presumir, porque las suposi- 
ciones no tienen valor en Historia, le dice entre otras 
cosas: "Yo diré al general Páez, que haga dirigir la 
opinión hacia mi Constitución boliviana que reúne 
todos los extremos y todos los bienes, pues hasta los 
federalistas hallan en ella sus deseos en gran parte; 
y que en el año 31 puede hacerse una reforma favo- 
rable a la estabilidad y conservación de la República. 
Que debe (Páez) temer lo que Iturbide padeció por 
su demasiada confianza en sus partidarios; o bien 
debe temer una reacción horrible de parte del pue- 
blo por la justa sospecha de nueva aristocracia des- 
tructora de la igualdad." Es de allí, de esa frase que 
hemos puesto en bastardilla, de donde el señor Vi- 
llanueva deduce la tremenda imputación. Obcecado 
con su idea de la monarquía, no vio, no pudo ver 
que no era Bolívar, que preveía las funestas conse- 
cuencias de aquel plan, quien abrigara el temor de 
correr la suerte de Iturbide, sino que presentaba el 
ejemplo a Páez como un medio de contenerlo en las 
pretensiones monárquicas o dictatoriales que le ha- 
bían sugerido sus amigos (de Páez) los demagogos, 
y que se hallaban disfrazadas en la carta que le ha- 



CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



bía llevado Guzmán. La hermenéutica no puede ser 
más peregrina. "Luego encontraréis — dice Villa- 
nueva analizando la carta a Santander — luego en- 
contraréis expuesto el temor de que si acepta la co- 
rona, lo fusilen los colombianos, como los mexicanos 
a Iturbide. Es el banquillo de éste (!!!!) uno de 
los obstáculos que lo detienen. ..." Y cada vez más 
obcecado lanza esta otra calumnia contra los más 
fieles amigos de Bolívar, contra los que al través de 
todas las visicitudes lo acompañaron no sólo hasta la 
hora de la muerte, sino que conservaron su respeto 
por las glorias del Grande Hombre, "fieles guardado- 
res del sacro fuego boliviano", hasta arrostrar las 
más crueles persecuciones, por parte de los enemigos 
de la Independencia, apoderados del Gobierno de 
Venezuela y Nueva Granada, por una de esas reaccio- 
nes fatales de la política, en las épocas de turbulen- 
cias revolucionarias. ". . .poca fe — continúa diciendo 
Villanueva — tenía (Bolívar) en la amistad, el agrade- 
cimiento y la consecuencia de los hispano - america- 
nos, lo cual explica su constante reserva con colom- 
bianos y peruanos. Los hombres de confianza que tie- 
ne al lado suyo, sus edecanes, en cuya lealtad creía, 
eran extranjeros: 'OLeary, Wilson, Ferguson, Perú 
de La Croix. Cuando abre su corazón en los asuntos 
trascendentales, políticos o diplomáticos, lo hace so- 
lamente con ingleses como el capitán Mailing o con el 
cónsul general Bikettes o el ministro Cockburn; o 
con franceses como el capitán de Moges, o el con- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA 



tralmirante Rosamel, o el cónsul general Buchet - 
Martigny, o el agente de Carlos X, Mr. Bresson. ..." 
¡Qué deshonor tan grande, qué mancha tan ne- 
gra arroja el señor Villanueva sobre las glorias más 
puras de la Independencia ! Casi todos aquellos pa- 
triotas : Sucre, Urdaneta, Salom, Mosquera, Restrepo, 
Briceño Méndez, Peñalver, Tanco, Castillo, Fernán- 
dez Madrid, Diego Ibarra y mil más a quienes la his- 
toria no puede enrostrarles una sola falta de lealtad, 
resultan ahora, según la hermenéutica del señor Vi- 
llanueva, que no eran en el concepto de Bolívar sino 
unos grandes falaces indignos de merecer su con- 
fianza. 

Basta leer con criterio sereno toda la documen- 
tación política y mucha de la correspondencia priva- 
da de Bolívar, para convencerse de que una alta y li- 
bérrima mentalidad como la suya no podía amoldar- 
se sistemáticamente a ninguna forma clásica de go- 
bierno, a ninguno de los prejuicios políticos que en- 
tonces dominaban los espíritus y que todavía abri- 
gan los que ignoran los adelantos de las ciencias po- 
líticas y sociales. No fué nunca monarquista, porque 
además de estar hasta cierto punto influido por las 
ideas liberales de Europa, comprendió desde el pri- 
mer momento, que nuestros pueblos carecían en ab- 
soluto de los elementos de conservación social, que 
pudieran servir de base firme al establecimiento de 
un trono. El fué el primero en descubrir y en expo- 



170 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

ner, acaso con excesiva claridad, el carácter social 
de la magna lucha, sobre todo en Venezuela. No fué 
tampoco partidario de la democracia absoluta, por- 
que habiendo vivido en medio de nuestros pueblos 
heterogéneos, no necesitó, como Napoleón, ver de 
cerca a los hombres de raza inferior (*) para darse 
cuenta de las ideas sofisticas de Juan Jacobo. 

Las convicciones del Libertador eran absoluta- 
mente opuestas; y por esa causa fué original en sus 
planes de gobierno. Casi en la misma época en que, 
dictaba la Constitución boliviana, decia al Comodoro 
Huí (cita de Cevallos. — "Resumen de Historia del 
Ecuador", tomo IV, página 8 a ) : "Estos países no pue- 
den progresar en los primeros cien años, pues es pre- 
ciso que pasen dos o tres generaciones. Se debe fo- 
mentar la inmigración europea y de la América del 
Norte para que establezcan aquí las ciencias y las ar- 
tes. Con esto, un gobierno independiente, escuelas 
gratuitas y matrimonios con europeos y anglo-ame- 
ricanos, cambiará el carácter del pueblo, y será libre 
y feliz." 

¿Por qué no consultar los documentos en que el 
Libertador expuso francamente sus ideas, antes de 
ir, como lo ha hecho el señor Villanueva, a tomar 
como artículo de fe las declaraciones inetresadas que 
se veía obligado a hacer a los agentes extranjeros? Y 
muy poca cosa encontró en ellas nuestro compatrio- 



(*). Tomamos aquí como en todos nuestros estudios, el con- 
cepto de "raza" por tipo de cultura; en un sentido puramente so- 
ciológico. 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 171 

ta, a pesar de su preocupación, cuando el argumento 
Aquiles de su tesis ha venido a fundarlo en un docu- 
mento archiconocido, que desgraciadamente leyó al 
revés." 

Y por último, cedamos la palabra al repu- 
tado historiógrafo y sociólogo colombiano se- 
ñor doctor Jorge Ricardo Vejarano, quien en 
el Epílogo crítico de su interesantísimo tra- 
bajo titulado Bolívar, su ideal político a tra- 
vés de su vida y de sus campañas, — trabajo 
premiado con medalla de oro por la Acade- 
mia de la Historia de Colombia, — dice entre 
otras cosas de la mayor importancia, lo si- 
guiente: 

"CUAL FUE EL IDEAL POLÍTICO DE BOLÍVAR? 

Hacia el año de 1826, época en que por el feliz 
término de la campaña del Perú y el consiguiente 
prestigio de las naciones recientemente libertadas 
ante el mundo civilizado, se podía razonablemente 
pensar en constituirlas en Estados, dándoles las ins- 
tituciones políticas que más se adaptaran a sus nece- 
sidades y desarrollo, sólo se podía escoger entre al- 
gunas de estas formas de gobierno : o la monárquica, 
ya fuese constitucional o absoluta, o la republicana, 
sobre la base de una amplia concepción democrática, 
o la mezcla de estos dos principios, en proporciones 



172 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

tales, que borraran casi por completo los caracteres 
determinantes y específicos de cada uno de ellos. 

Para Bolívar colocado en puesto tal ante Colom- 
bia, Perú y Bolivia, y ligado a estos pueblos por 
vínculos tan estrechos y sagrados, su papel de primer 
legislador, por enorme y peligroso que fuese, era 
también ineludible. Un temperamento más frío que 
el suyo, una visión política menos penetrante y que 
redujera en mucho el horizonte vastísimo que medía 
de una mirada aquel genio poderoso, hubiera lle- 
nado quizá mejor su misión. Entrando decidida- 
mente por una forma determinada de gobierno, la 
sociedad se hubiera establecido sobre bases más só- 
lidas y estables. Se le daba un pueblo acabado de 
nacer y cuyas tendencias y prejuicios monárquicos, 
si muy vivos aún, habían sufrido sinembargo las na- 
turales restricciones de catorce años de revolución, 
de la vida libre e indómita de la pampa. Se le daba 
un niño con sus órganos débiles y en formación : con 
un ejercicio único y perseverante se les habría puesto 
en capacidad de desempeñar las funciones que de 
ellos se deseaba. 

Pero a Bolívar le pasó con su sistema político 
lo que a Cousin con su sistema filosófico. Todos te- 
nían afinidades con su temperamento, todos ence- 
rraban bellezas y verdades que no podían escapar a 
sus agudas miradas, y de todo este substractum de 
cosas buenas y bellas, y de todo esto, unido y combi- 
nado, sólo resulta la masa informe, sin vida ni calor 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 173 

propios, buena para que la imaginación se distraiga, 
pero insuficiente para que los hombres comprendan 
la existencia, y menos para soportarla en orden y en 
silencio. 

Por lo pronto, la forma de gobierno que parecía 
más indicada, la que de seguro podía establecerse 
más fácilmente, puesto que era la aceptada por la 
generalidad de los pueblos, era sin duda alguna la 
monárquica con una dinastía criolla o extranjera. Y 
quiso Bolívar implantar en América una monarquía ? 
De la manera más honrada contestamos rotunda- 
mente que nó, si por monarquía entendemos el des- 
conocimiento del principio constitucional que afirma 
que la soberanía nacional reside en el pueblo y ema- 
na únicamente de él. Atrevida parecerá semejante 
afirmación, y al que con mucha premura nos pidiese 
pruebas inmediatas de nuestro aserto, le responde- 
ríamos también rápidamente: Bolívar no fué parti- 
dario de la monarquía porque no la estableció en la 
América. Es decir, contestamos una conjetura con 
un hecho. 

El señor Carlos A. Villanueva acaba de prestar 
inolvidable servicio a nuestras ciencias históricas con 
su pacienzudo e inteligente trabajo sobre la monar- 
quía en América. El señor Villanueva no peca por 
un amor ciego al Libertador, ni está dispuesto a sa- 
crificar la verdad histórica para sacar puros y firmes 
los principios democráticos de Bolívar. Muy al con- 
trario, el autor, eternamente desconfiado de su ideal 



174 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

republicano, va a buscar su información en fuentes 
que nadie exploró con tanto talento y paciencia co- 
mo él, y en donde de seguro se encontrarían las prue- 
bas irrecusables del monarquismo de nuestro héroe 
y de los pasos reales, no conjeturas, que hubiera 
dado para llenar su propósito. 

De los archivos de Londres, París y Madrid, del 
estudio y análisis de los documentos allí encontra- 
dos, y de cuyo valor informativo ni el más escéptico 
puede dudar, sacó el señor Villanueva los varios vo- 
lúmenes que ha dado a la publicidad, y cuya impor- 
tancia no dejaremos nunca de reconocer. A qué re- 
sultado llega? Hosco para con el Libertador, ale- 
jado y bastante de aquel temperamento aristocrá- 
tico, del militar autoritario, cuyo decantado demo- 
cratismo no resistía la más insignificante reacción ni 
toleraba pacientemente el análisis de sus actos, el 
moderno historiador, viviendo en pleno siglo xx y en 
medio de la Europa socialista; el espíritu cultivado 
y de selección, termina así su libro, Bolívar y el Ge- 
neral San Martín, el volumen que en su obra más he- 
mos estudiado y más nos ha servido : 

"Su mayor gloria (habla de Bolívar), en nuestro 
concepto, está en no haberse puesto la corona de Em- 
perador de los Andes o de Emperador de Colombia, 
que le ofrecieron sus tenientes en Caracas, Bogotá, 
Quito, Lima, Chuquisaca, y en Londres y París las 
cancillerías de Jorge IV y Carlos X. No cabe dudar 
que las circunstancias lo llevaron a soñar con ella, 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 175 

que la buscó, que se la dieron: pero no es menos 
cierto que al ir a tomarla en sus manos, retrocedía 
espantado, ya fuera por pudor, por temor de que sus 
tenientes le hicieran correr la suerte de Iturbide, por 
conservarse consecuente con sus declaraciones pú- 
blicas, o por miedo de que los liberales lo llamaran 
usurpador, tirano y ambicioso vulgar." (1). 

Difícilmente se hace con menos gusto una con- 
fesión, pero es necesario hacerla. Se buscan moti- 
vos, poco nobles en verdad, que hasta cierto punto 
aminoran "su mayor gloria", que está en no haberse 
puesto la corona de Emperador", sin atinar en que 
estos mismos motivos se contradicen entre sí o dela- 
tan en el alma de Bolívar opiniones políticas entera- 
mente opuestas al sistema monárquico y una gran 
consecuencia entre sus declaraciones públicas y sus 
actos. Tiene miedo de que los mismos tenientes que 
le ofrecen la corona, que casi se la ponen, lo traicio- 
nen; cuando en buena lógica lo que habría que te- 
mer era la traición y el abandono al no ser compla- 
cidos. Soñó con la corona, pensó en ella, pero su pu- 
dor, esto es, el móvil más noble que obra en el alma 
humana, le impidió tomarla : se habría coronado 
— estas son suposiciones, — pero sus declaraciones pú- 
blicas de principios democráticos — estos son hechos — 
le impidieron coronarse — hechos también. — Cómo 
hará un hombre para comprobar su sinceridad, sino 



(1). Carlos A. Villanueva — "La Monarquía en América" — "Bo- 
lívar y el General San Martín" — Ollendorff — París — Pag. 238. 



176 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

ajustando sus palabras a sus actos? Y qué hizo Bo- 
lívar? Combatir siempre el sistema monárquico en 
todas sus declaraciones públicas, y dejarse matar 
luego antes que permitir que por la fuerza ciñeran a 
su frente la corona. Nó : necesario se hace ser noble, 
como el grande hombre lo fué; perdonarle sus des- 
vanecimientos de minutos, convenir en que hay un 
nivel moral muy alto cuando se renuncia al imperio 
de un continente a cambio de que sus contemporá- 
neos no vayan a llamarlo "tirano, usurpador y ambi- 
cioso vulgar." Por qué ser reticente en el momento 
preciso de ir a formular conclusiones y no dar a 
nuestro espíritu el pleno goce de una convicción per- 
fecta, ya que trabajó tanto en buscarla y en for- 
marla ? 

Y ninguno de los historiadores modernos que co- 
nocemos tiene como el señor Villanueva tanto de- 
recho y hasta cierto punto deber de decir que Bolí- 
var no fué partidario de la monarquía. Su estudio, 
serio y científico, principia por hacernos conocer la 
opinión unánime de los pueblos de la América del 
Sur en favor de las instituciones monárquicas. Ver- 
güenza y no otra cosa da ese clamoreo incesante, esa 
petición humillante y permanente de los prohombres 
de la América española a las potencias europeas, a 
fin de conseguir un príncipe, una rama seca y sin 
vida de sus caducas dinastías, que conviniera en tras- 
ladarse a América a gobernar pueblos que, por otra 
parte, peleaban hasta la desesperación por darse un 
gobierno propio, del que se decían muy capaces. 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 177 

De Buenos Aires al extremo norte de la frontera 
de México, y desde 1810 hasta 1830, como una obse- 
sión se presentaba a los hombres dirigentes de nues- 
tra politica el establecimiento de una monarquía, ya 
fuese criolla o extranjera, pero prefiriendo quizás 
esta última. Nada parecía contrarrestar esta ten- 
dencia monárquica: se guerreaba con España, y la 
anarquía consiguiente a esta guerra y que retardaba 
tanto el triunfo de la independencia, aguijoneaba el 
deseo y hacía improrrogable su establecimiento. No 
consideremos los movimientos precursores y gene- 
ralmente abortados que abrieron paso a la revolu- 
ción. Desde el primer movimiento en favor del inca 
Felipe (1750), la insurrección de Tupac - Amaru, la 
intentona de Juan Francisco de León etc., etc., mo- 
vimientos que ni un momento dejaron de tener su ca- 
rácter imperialista marcadísimo. Ya principiada la 
revolución emancipadora, ya triunfante, y ni los 
hombres que la dirigían ni los pueblos que la apo- 
yaban podían apartar sus ojos de otro régimen polí- 
tico distinto al dinástico. 

Los precursores del movimiento insurreccional, 
Miranda a la cabeza, no obstante considerársele has- 
ta ahora como verdadero republicano, aparece pen- 
sionado por el Gobierno inglés para facilitar el tras- 
paso de la América latina a la corona de Inglate- 
rra (*). Y la lista es larga y los nombres son notables : 
Pueyrredón, Belgrano, Rivadavia, San Martín, O'Hig- 



(*). Villanueva, obra citada, página 10. 



12 



178 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



gins, García, García del Río, todo lo que tenía fuerza 
y prestigio entraba de lleno por semejante corriente. 
Todos ellos dejaron sus huellas en los archivos de 
las cancillerías europeas, y ante documentos tan irre- 
cusables la cuestión de la monarquía en América 
deja de ser una hipótesis para convertirse en un he- 
cho histórico indubitable. 



Esta acentuada tendencia monárquica en nada 
decae con el triunfo definitivo de los independientes. 
Al contrario, parece vigorizarse con los fuertes des- 
engaños de los gobiernos republicanos, y encuentra 
grandes y vigorosos apoyos en la ambición desme- 
dida de tantos militares obscuros levantados muy alto 
por el torbellino de las revoluciones, y a quienes la 
paz ahoga, y la República austera no premia sus mé- 
ritos y servicios en la medida que ellos lo reclaman. 
Que no se nos exija la presentación de documentos 
como la carta de Garabuya, unánimemente atribuida 
al general Santander, ni la trascripción de la no me- 
nos famosa de Páez (1826), fiel expresión del senti- 
miento monarquista de Colombia. No somos nosotros 
de los que creemos que aquellas tendencias políticas 
constituyan mancha imborrable para los hombres 
superiores que las proponían e intentaban ponerlas 
en práctica; pero ya que el dictado de monárquico 
fué el cargo con que más se atormentó a Bolívar du- 
rante su vida, y el que ha continuado después de su 
muerte extendiéndose como una sombra sobre su 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 179 

gloria radiante, preciso se hace decirlo muy alto: 
ante el examen crítico de la posteridad de Bolívar, 
de su pecado imperialista, no queda huella alguna, 
ni ha sido posible encontrar documento, por insigni- 
ficante que sea, que ni remotamente testifique que 
él por sí o por medio de intermediarios tratara de 
poner en práctica semejantes tendencias. 

¿Y se puede decir lo mismo de sus contemporá- 
neos, de sus tenientes y consejeros que sincera o in- 
sidiosamente trataron de precipitarlo fuera de su ór- 
bita? Ah, no! aquí la documentación no es muda y 
si un crimen fué ser monarquista y respetamos y ve- 
neramos nombres que forman la historia de la Patria, 
no nos afanemos porque este juicio se abra a prueba 
y así habremos prestado noble servicio a los unos y 
a la otra. Pero dejemos estas consideraciones que 
tan lejos están del espíritu sereno y frío con que ana- 
lizamos la cuestión. Se examinan las ideas políticas 
de Bolívar, y no las de sus tenientes y compañeros. 

El problema, pues, se presenta así: la sociedad 
de la gran Colombia con todos sus componentes prin- 
cipales: militarismo, clero, comercio e industria, y 
la mayor parte del elemento intelectual, era decidi- 
damente partidaria de la monarquía; Bolívar tam- 
bién lo era, por qué no la estableció? Hé aquí una 
respuesta que se esperará en vano, pues el hecho po- 
sitivo de su no establecimiento, considerando siem- 
pre a Bolívar como monárquico, sería un fenómeno 
verdaderamente inexplicable. 



180 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 



¿Fué su orgullo soberano o su ambición desme- 
dida lo que le impidió aceptar un príncipe extranjero 
para que viniera a dominar sobre una bella porción 
de la tierra que su genio y su brazo habían hecho 
libre en lucha sin igual? Muy al contrario, pues lo 
que más se le propuso e insinuó fué su propia coro- 
nación, y que tomara posesión de una obra suya 
y para la cual no existía competidor. No se coronó 
por falta de sucesión, han insinuado varios historia- 
dores, entre otros el citado señor Villanueva, como 
dando a entender que del golpe de Estado y del cri- 
men de lesa Patria muy poco sería lo que alcanzaba 
a aprovechar puesto que su vida estaba bien corrida. 
Cuando el galante Libertador llegó a la cúspide de su 
gloria y poderío, después de sus triunfos en el Perú, 
estaba también en toda la fuerza de su vigor físico 
y nada le habría sido más fácil que un magnífico en- 
lace con una bella o linajuda criolla o con la hija de 
alguna dinastía europea. Una de las casas más orgu- 
llosas acababa de entregar una de sus princesas al 
soldado victorioso que consideraba su vida corta y 
necesitaba de otras vidas que disfrutaran el premio 
de sus hazañas. Por qué, pues, resistirse? Y aun en 
en el caso de no hallar probabilidades algunas de su- 
cesión, no coronarse, pudiendo disfrutar de un im- 
perio treinta o cuarenta años, revela en el alma del 
ambicioso un cálculo tan grande, un orgullo tan so- 
brehumano, que de bajo sentimiento podría trocarse 
en bello gesto de personaje mitológico. 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 181 

La dinastía extranjera? Asegurado el triunfo 
de las armas, libre de enemigos el terreno que se 
quería vender, fácil habría sido hallar comprador y 
fabuloso el precio a que podía cederse la tierra con- 
quistada. Qué hizo Bolívar, qué paso dio, qué pro- 
mesas en firme formuló? No se ha quedado docu- 
mento que no se haya leído mil y una veces para ha- 
llar interpretación en este sentido; no se ha quedado 
archivo que no se haya revuelto para encontrar pie- 
zas que así lo acrediten, y el silencio es insondable 
como la conciencia del grande hombre. 

Lo único que queda escrito de él sobre monar- 
quía, fué lo que escribió para combatirla. Dónde es- 
tán, pues, no digo las pruebas, dónde están los indi- 
cios del monarquismo de Bolívar? Aquellos cargos 
vienen del ocaso del héroe: la política reemplazó a la 
guerra, y el heroísmo que se formó en la batallas, 
y el ideal de patria que tanto se levantó mientras se 
le libertaba, principió a amortiguarse ya en plena 
vida civil y a echarse de menos el botín de los cam- 
pamentos. Las brutales necesidades de la vida se 
impusieron, sin que las facilidades y la holganza 
fuesen posibles mientras un hombre conservara el 
orden y tratara de salvar el patrimonio comunal. No 
se hace necesario ser muy perverso, ni muy ingrato, 
para estrellarse contra semejante hombre. Estorba, 
impide que nuestras ambiciones, nobles o bajas ten- 
gan un campo de acción cuando su superioridad lo 
abarca todo, y por sobre el respeto al superior y ca- 



182 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

riño al jefe que nos tiñó de gloria, están nuestros 
cortos días de existencia urgiéndonos porque nos 
abramos un paso y sigamos avanzando. En la vida 
de la paz esto no era posible y Bolívar era la paz y 
había que acabar con Bolívar. Qué se hizo? Ta- 
charlo de monarquista, puesto que sólo la monarquía 
podía poner en vigor la política represiva que el de- 
mócrata veía indispensable para la salvación de los 
Estados. 

Y ante semejante injusticia, que nosotros a un 
siglo de distancia parece que nos empeñamos en re- 
petir, volvemos a preguntar con afán : por qué no se 
coronó Bolivar si tuvo semejantes ideas? Todas las 
circunstancias exteriores parecían no sólo facilitar 
esta empresa sino hasta trataban de imponerla. La 
actitud de Europa para con las nacientes Repúblicas 
que iban a escandalizar al mundo con sus retozos de- 
mocráticos, no era nada equívoca. Se negó una y 
muchas veces al reconocimiento de los nuevos go- 
biernos, mientras ellos no se establecieran sobre la 
base de una monarquía. 



Todo se une, pues, todo confirma con una evi- 
dencia absoluta, que en el interior y en el exterior el 
establecimiento de una monarquía era no sólo pe- 
dida y deseada, sino impuesta. Sólo Bolívar no avan- 
za un paso en este camino. Por qué? Inútilmente 
nos lo preguntamos, si no respondemos con nuestra 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 183 

honrada y profunda convicción: porque no fué par- 
tidario de ella." (*). 

Después de leer las dos rectificaciones 
históricas anteriores, en las cuales queda 
comprobado definitivamente y de manera in- 
discutible, que Bolívar no fué partidario de la 
monarquía — y nunca hubiera cambiado su 
excelso título de Libertador por el de rey o 
emperador — juzgamos con precisión, que lá 
juventud de Venezuela y de Colombia aco- 
gerá con el mayor entusiasmo tales rectifica- 
ciones históricas de dos prepotentes y autori- 
zados voceros de la raza, que con tan sólidos 
argumentos han echado por tierra para siem- 
pre las aseveraciones injustas del señor Car- 
los A. Villanueva. 

Cuando el Libertador en cierta ocasión 
habló del coronamiento de Napoleón, efec- 
tuado en París el año de 1804, dijo estas fra- 
ses solemnes y sinceras: La corona que se 
puso Napoleón sobre su cabeza la miré como 

UNA COSA MISERABLE Y DE MODA GÓTICA; LO QUE 
ME PARECIÓ GRANDE ERA LA ACLAMACIÓN UNIVER- 
SAL Y EL INTERÉS QUE INSPIRABA SU PERSONA. 

(*). Para hacer resaltar aún más los valiosos argumentos del 
doctor Vejarano, hemos creído oportuno que aparezcan en bastardillas 
esos párrafos. — P. U. 



184 CRITICA HISTÓRICA SOBRE 

Nota N° 6. — Hubo un acontecimiento par- 
ticular y curioso a propósito de la tan afa- 
mada Virgen de Chiquinquirá, ocurrido en el 
año de 1816, cuando pasó por aquella pobla- 
ción en retirada para los Llanos de Casanare 
el general Serviez y sus fuerzas. Es el siguien- 
te : Convencido Serviez del gran celo religioso 
que los pueblos de Colombia — en especial el 
de Boyacá y Cundinamarca — conservaban por 
la reputada Virgen de Chiquinquirá, y en la 
esperanza de que tras la imagen le seguiría 
gran parte de los pueblos a los que utilizaría 
para las armas, ocurriósele la idea de llevarse 
la efigie, cosa que nadie había hecho, para lo 
cual dio orden de que fuera sacada de la igle- 
sia. El cuadro de la imagen venerada fué co- 
locado en un gran cajón, con el que salieron 
las tropas el día 20 de abril de 1816, en direc- 
ción al pequeño poblado de Chocontá, donde 
se detuvieron algunos días. Allí dio orden 
Serviez de fusilar a un desertor, pero éste pi- 
dió perdón invocando el nombre de la Vir- 
gen, y el militar francés se lo concedió. La 
conducción, pues, de la efigie, lejos de ser 
útil a Serviez, tornóse en una verdadera im- 



EL " DIARIO DE BUCARAMANGA " 185 

pedimenta y casi siempre era motivo de 
grandes embarazos para las marchas. El 
general Santander que era el segundo jefe de 
las fuerzas, alguna vez se expresó así: "Ser- 
viez, que era el jefe, y no yo, cometió la im- 
prudencia de llevar en el ejército, en un cajón 
grande, el cuadro de la Virgen de Chiquinqui- 
rá, pensando que tras de ella seguiría mucha 
gente útil para la guerra, y en vez de esto, el 
cuadro no sirvió sino para embarazarnos la 
marcha en los desfiladeros y dar lugar a que 
el enemigo nos picase muy de cerca la reta- 
guardia." 

En efecto, el capitán español Antonio Gó- 
mez dio alcance a las desbandadas fuerzas de 
Serviez y Santander el día 8 de marzo de 1816, 
en la cabuya o taravita de Cáqueza — dos jor- 
nadas de Bogotá, — derrotándoles completa- 
mente y rescatando en un rancho del alto de 
Sáname a la Virgen, que venían siguiendo 
desde Chiquinquirá el Prior y la Comunidad 
de Religiosos Dominicos de aquella fanática 
población. 



ÍNDICE 



Págs. 

Dedicatoria 7 

Preliminar 9 

Un hombre interesante 13 

Juicio notable 29 

Opiniones notables 49 

Dos héroes 89 

Párrafos del Diario de Bucaramanga 103 

Conclusión 147 

Notas 153 



GENERAL JUAN C. GÓMEZ, 

GOBERNADOR DEL DISTRITO FEDERAL, 

Hago saber: 

Que el ciudadano M. Pinzón Uzcátegui se ha presentado 
ante mí reclamando el derecho exclusivo para publicar y vender 
una obra de su propiedad, cuyo título ha depositado en este 
Despacho y es como sigue: "Crítica Histórica sobre el Diario 
de Bucaramanga " ; y que habiendo prestado el juramento 
requerido por la Ley, sobre propiedad intelectual, le pongo en 
posesión del derecho que concede la mencionada Ley. 

Dado en el Palacio de Gobierno del Distrito Federal y 
refrendado por el Secretario del Despacho, en Caracas, a los 
diez días del mes de junio de mil novecientos catorce. — Años 
105° de la Independencia y 56° de la Federación. 

JUAN C. GÓMEZ. 

Refrendado. 

El Secretario de Gobierno, 

A. M. Delgado Bricen o. 



(Copiado de la Gaceta Oficial de los Estados Unidos de Venezuela, 
de fecha 10 de junio de 1914, y marcada con el número 12.249. ) 



ESTA OBRA 

se hizo en'la Litografía del Comercio. 

Caracas, Venezuela. 

1914.